martes, 2 de abril de 2019

¿Planetas troyanos?

El 22 de enero de 2019 Adrien Leleu, el alicantino Jorge Lillo-Box, y otros entre los que figura Jean Schneider que forma parte de los científicos del Observatoire de París que organiza desde 1995 The Extrasolar Planets Encyclopaedia publicaron el artículo titulado: Co-orbital exoplanets from close period candidates: The TOI-178 case donde establecen la posibilidad de que dos planetas coorbitales sean estables si son troyanos. Un caso que no se da en el Sistema Solar a pesar de la existencia de asteroides troyanos en varios de los planetas del Sistema Solar como Júpiter, Marte, Neptuno e incluso la Tierra y varios satélites de Saturno. Sin embargo a pesar de que vemos normal la existencia de dos grupos de asteroides troyanos, uno 60º por delante de Júpiter y otro 60º por detrás, la posibilidad de tener dos planetas del tamaño Júpiter o la Tierra o como propone Sean Raymond, un Júpiter y una Tierra coorbitando a una distancia angular de 60º el uno del otro y en zona habitable, parece de ciencia ficción.
Lo que han demostrado Adrien Leleu y otros es que ello es posible desde un punto de vista de la estabilidad y ponen de relieve la existencia de un par de planetas candidatos de TESS como son TOI-178 02 y TOI-178 03 que orbitan en unos 10 días una estrella, TOI-178, de masa 0,64 y radio 0,7 el solar. El sistema tiene un tercer planeta TOI-178 01 que orbita la estrella en sólo 6,5 días. Los radios de los planetas coorbitales son 3,7 Rt y 2,3 Rt y probablemente son neptunos calientes dado que el radio de Neptuno es 3,9 Rt. TOI-178 03 tiene una pequeña probabilidad de ser una supertierra. 
Sin embargo, las configuraciones coorbitales de herradura o largo período de libración pueden explicar tal similitud de período.

Fig. 1 Los planetas TOI-178 02 y 03 son los posibles planetas coorbitales mientras TOI-187 01 es más interior y está en una resonancia 3:2.



Fig. 2 La demostración de su naturaleza coorbital puede resolverse considerando las variaciones de tiempo de tránsito (TTV) de cada planeta.

Hay que destacar que son candidatos y no planetas confirmados. Al igual que en el satélite Kepler donde los candidatos no confirmados se llamaban KOI (Kepler Objet of Interest) en el caso del satélite Tess los objetos no confirmados se llaman TOI. El sistema TOI-187 tiene tres planetas no confirmados nombrados como en Kepler, TOI-187 01, 02 y 03. 
Aparte de ser, de momento candidatos, y aunque las tres órbitas están cercanas a una cadena resonante 3:2:2, con dos planetas coorbitales y el interior en resonancia 3:2, no podemos excluir un sistema cerca de una configuración 4:3:2 que no tendría cuerpos coorbitales.
Puede pensarse que es el primer sistema descubierto con dos planetas coorbitales, pero no es así: Kepler-132 b y c son dos planetas coorbitales confirmados en 2014 que forman parte de un sistema de 4 exoplanetas de radios entre 1,17-1,54 Rt por lo que deben ser cuatro supertierras donde los dos coorbitales de periodos 6,178196 y 6,414914 días están acompañados de dos planetas exteriores de periodos 18,010199 y 110,286937 días. A pesar de lo que dice Jorge Lillo-Box no he podido encontrar información de que los dos coorbitales no son tales sino que giran en realidad alrededor de dos estrellas binarias diferentes.
Kepler-271 es también un sistema confirmado de tres planetas b, c y d. Kepler-271 b y c fueron descubiertos en 2014 y Kepler-271 d en 2016. Kepler-271 b y d de radios 0,88322 y 0,65962Rt respectivamente son los planetas coorbitales con periodos 5,217738 y 5,24972541 días respectivamente. Están acompañados de un tercer planeta exterior de radio 0,99502Rt y periodo 7,410935 días y no he encontrado ninguna información de que estén en resonancia 2:1. En la degeneración 2:1 un planeta excéntrico son en realidad dos planetas en resonancia 2:1 menos excéntricos y no al revés. Si estos planetas no fueron aceptados en su tiempo o considerados como falsos positivos por su rareza, dado que no son estables Hill, ahora con los candidatos TOI-187 02 y 03 estamos más próximos a encontrar planetas troyanos. Jorge Lillo-Box tiene tanta fe en ello que ha creado su proyecto TROY. Lo que ha demostrado con su trabajo, es, que los planetas troyanos físicamente pueden existir y todo lo que físicamente no está prohibido existe y acabará por descubrirse. Además, su trabajo y el de sus colegas, propone un método de VTT (Variación del Tiempo de Tránsito) para calcular sus masas y demostrarlo. Pero la historia de los troyanos no empieza ahora, se remonta al siglo 18 con el matemático Joseph-Louis Lagrange.

Puntos de Lagrange

En 1772, el matemático italiano de origen francés Joseph-Louis Lagrange, cuando no se habían descubierto ni Urano ni Neptuno, escribió su obra Essai sur le problèm des trois corps en el que trataba de descubrir una manera de calcular la evolución de las posiciones de tres cuerpos sometidos a la interacción gravitatoria. La mecánica de Newton resuelve completamente el problema de dos cuerpos, ambos si su energía total es negativa (sistema ligado) tienen una trayectoria elíptica alrededor del centro de masas del sistema. Sin embargo, desde entonces hemos sido incapaces de resolverlo si hay más de dos cuerpos. Lagrange consideró un caso particular más sencillo, el problema restringido circular: supone que el tercer cuerpo tiene una masa tan pequeña que su acción gravitatoria sobre los otros dos cuerpos es despreciable y además que los dos cuerpos orbitan alrededor del centro de masas en una órbita circular. 
Joseph-Louis Lagrange nacido en Turín, en 1736, murió en París en 1813. Como matemático destacan sus contribuciones al álgebra (resolución de ecuaciones algebraicas hasta de cuarto grado, determinantes, subgrupos etc.) ecuaciones diferenciales y teoría de números. Pero su contribución a la física no es menos importante. Movimiento vibratorio, cálculo de variaciones, mecánica de fluidos, destacando fundamentalmente su contribución a la Astronomía a la que dedicaremos un poco más de espacio:

  • Introducción de la idea de potencial. El potencial de un cuerpo en un punto es la suma de cada elemento de masa del cuerpo dividido por su distancia al punto. Lagrange mostró que si el potencial de un cuerpo a un punto externo fuera conocido, podría determinarse la fuerza de atracción del cuerpo sobre el punto.
  • Gravitación de elipsoides, un punto de partida del trabajo de Maclaurin.
  • Tratado sobre las perturbaciones cometarias: método para determinar la órbita de un cometa con tres observaciones. Aunque el método no es utilizado, su sistema de calcular las perturbaciones, es la base de la mayoría de las futuras investigaciones.
  • Movimientos del sistema joviano.
  • La ecuación secular de la Luna. El movimiento de libración lunar.
  • El movimiento de los nodos de la órbita de un planeta.
  • La estabilidad de las órbitas planetarias.
  • Su determinación de las variaciones seculares y periódicas de los elementos orbitales de los planetas. En 1806, Poisson, en un artículo leído ante la Academia francesa, mostró las fórmulas de Lagrange para la estabilidad de las órbitas. Lagrange, analizó entonces de nuevo el problema, y en una carta comunicada a la Academia en 1808 explicó cómo podían determinarse las desigualdades periódicas y seculares de cualquier sistema gravitatorio por la variación de constantes arbitrarias.
  • El problema restringido circular: en el problema de los tres cuerpos, descubrió los puntos de Lagrange en 1772, de interés porque en ellos se han encontrado los asteroides troyanos y los satélites troyanos de Saturno y ahora los planetas troyanos.

En el problema de dos cuerpos, resuelto completamente por Isaac Newton, tanto el mayor como el menor se atraen mutuamente con la misma fuerza. Pero el menor responde por su menor masa mucho más que el grande a esa fuerza girando los dos alrededor del centro de masas de ambos. Si m₁ y m₂ son las masas y r la distancia que los separa, el baricentro o centro de masas se sitúa a una distancia tal que se cumple:
  m₁ r₁=m₂ r₂ con  r₁+r₂=r
Es como si en un columpio de 6 metros de longitud se colocan dos niños de 12 kg. el centro de masas viene dado por la posición del punto de apoyo para que el columpio esté equilibrado. A la mitad de ambos niños a 3m. Pero si se sientan un padre de 60 kg. y su hijo de 12 kg. el centro de masas a hay que colocarlo a un metro del padre.

Fig. 3 Un columpio como sinónimo del centro de masas.

Si se trata del sistema Sol-Tierra el centro de masas está ubicado cerca del centro del Sol debido a la diferencia de la masas entre ambos cuerpos. En el caso del sistema Sol-Júpiter, el baricentro se encuentra cerca de la superficie solar y un sistema binario con las dos masas iguales en el centro que la distancia que las separa.
En el problema restingido circular Lagrange considera un sistema de referencia que gira con los cuerpos mayores. Encontró cinco puntos fijos específicos en los que el tercer cuerpo, al seguir la órbita de los de mayor masa, se halla sometido a fuerza cero. Estos puntos nombrados L₁ a L₅ fueron llamados puntos de Lagrange en su honor. Estos puntos marcan las posiciones donde la atracción gravitatoria combinada de las dos masas grandes proporciona la fuerza centrípeta necesaria para rotar sincrónicamente con la menor de ellas. Los puntos de Lagrange son las soluciones estacionarias del problema restringido circular. Si, por ejemplo, se tienen dos cuerpos grandes en órbita circular alrededor de su centro de masas común, hay cinco posiciones en el espacio donde un tercer cuerpo, de masa despreciable frente a la de los otros dos, puede estar situado y mantener su posición relativa respecto a los dos cuerpos grandes.
Fig. 4 Curvas de potencial en un sistema de dos cuerpos (aquí el Sol y la Tierra), mostrando los cinco puntos de Lagrange. Las flechas indican pendientes alrededor de los puntos L, acercándose o alejándose de ellos. Contra la intuición, los puntos L₄ y L₅ son máximos.

El punto L₁ está entre las dos masas grandes m₁ y m₂ en la recta que las une. Es el más intuitivo de los puntos de Lagrange, aquel en que las atracciones opuestas de los dos cuerpos mayores se compensan. El punto L₂ está en la línea definida por las dos masas grandes m₁ y m₂, y más allá de la más pequeña de las dos. En él la atracción gravitatoria de los dos cuerpos mayores compensa la fuerza centrífuga causada por el menor. El punto L₃ está en la línea definida por las dos masas grandes m₁ y m₂, y más allá de la mayor de las dos. El punto L₄ y el punto L₅ están en los vértices de triángulos equiláteros cuya base común es la recta que une las dos masas, de forma que el punto L₄ precede al cuerpo pequeño un ángulo de 60º visto desde la masa grande, mientras que L₅ gira detrás del cuerpo pequeño, aunque con radio mayor que este, con un retraso de 60º visto a su vez desde el cuerpo grande. Los puntos de Lagrange, así como el cuerpo menor de masa M₂, no giran sobre el cuerpo grande, sino sobre el centro de masas de ambos cuerpos.
Los cinco puntos lagrangianos se ubican como sigue:

Fig. 5 Diagrama que muestra los cinco puntos de Lagrange en un sistema de dos-cuerpos de masa muy diferente (por ejemplo el Sol y la Tierra). En un sistema así, L₄ y L₅ parece que giran en la misma órbita que el cuerpo segundo, aunque de hecho lo hace ligeramente más alejado del primero.

Los primeros tres puntos de Lagrange son técnicamente estables sólo en el plano perpendicular a la línea entre los dos cuerpos. Esto puede verse más fácilmente considerando el punto L₁. Una masa de prueba desplazada perpendicularmente de la línea central sentiría una fuerza atrayéndola hacia el punto de equilibrio. Esto es así porque las componentes laterales de la gravedad de las dos masas se suman para producir esta fuerza, mientras que las componentes a lo largo del eje que une las masas m₁ y m₂, se anula. Sin embargo, si un objeto situado en el punto L₁ fuera llevado hacia una de las masas, la atracción gravitatoria que siente por esa masa sería más grande, y sería atraído hacia ella.
Aunque los puntos L₁, L₂ y L₃ son nominalmente inestables, resulta que es posible encontrar órbitas periódicas estables alrededor de estos puntos, por lo menos en el problema restringido de los tres cuerpos. Estas órbitas perfectamente periódicas, denominadas órbitas de halo, o las órbitas Lissajous cuasi-periódicas no existen de forma natural en el Sistema Solar y probablemente en los sistema extrasolares. Se han usado en todas las misiones espaciales a los puntos de libración con fines que no vamos a tratar aquí. Las órbitas no son perfectamente estables, pero un esfuerzo relativamente modesto lo mantiene en la órbita Lissajous durante un largo período.
Los puntos L₄y L₅ sí son totalmente estables en el caso de la órbita circular, pero en el caso más general de órbitas elípticas, no hay ya puntos estacionarios sino que más bien se trata de un área de Lagrange. Los puntos de Lagrange sucesivos, considerando órbitas circulares en cada instante, forman órbitas elípticas estacionarias, geométricamente semejantes a la órbita de los cuerpos mayores. Es por esta razón que los puntos de Lagrange, también denominados puntos L o puntos de libración. Los asteroides troyanos alrededor de Júpiter oscilan alrededor de L₄ y L₅  con una amplitud promedio de 33° oscilando alrededor de los 60º entre valores tan dispares como 0,6° y 88° ​y periodo que en  promedio, es de unos 150 años. Los asteroides troyanos están pues atrapados alrededor de los puntos L₄ o L₅ en órbitas llamadas tadpole. ¿Sería posible que un cuerpo se librase de L₄ o L₅ para viajar entre ambos puntos? La contestación es que sí. Viajan en una órbita de herradura. ¿Existen en el Sistema Solar cuerpos así? La respuesta es que sí. Los satélites de Saturno Jano y Epimeteo están en este tipo de órbita y la prueba espacial Lucy cuyo lanzamiento está previsto para 2021 hará un viaje entre los puntos L₄ y L₅ del sistema Sol-Júpiter. Volveremos a esta cuestión más adelante.

Asteroides troyanos

Pasaron 134 años desde que en 1772 el matemático Joseph-Louis Lagrange previera la existencia de los puntos L₄ y L₅ hasta que en 1906 cuando Max Wolf descubrió el primer asteroide troyano Aquiles, en el punto de Lagrange L₄ del sistema Sol-Júpiter.​ Hasta este momento, la publicación de Lagrange, se había considerado un divertimento matemático. Ese mismo año August Kopff descubrió a Patroclo en el punto de Lagrange L₅ y al año siguiente el mismo Kopff  descubrió en L4 a Héctor. El nombre troyanos se debe a que, por convención, cada miembro recibió el nombre de una figura mitológica de la guerra de Troya.

Fig. 6 Localización de los asteroides troyanos de Júpiter. También se muestra el cinturón principal de asteroides y el Sistema Solar interno.

A continuación se decidió dar a los asteroides próximos a L₄ nombres de héroes griegos de la Iliada: Agamenon, Ulises, Néstor, Alax, Diomedes pero antes el troyano Héctor se había colado en las tropas griegas. En L₅ todos son troyanos (Príamo, Anquiles Eneas, Troilo,...) excepto Patroclo un autentico caballo de Troya.
Hasta abril de 2010, el número de troyanos superaba los 4.000.​ Se cree que el número total de troyanos de Júpiter mayores de 1 km. ronda el millón, una cantidad similar al número de asteroides del cinturón principal del mismo tamaño.
En 1990 se descubrió el primer troyano en un planeta distinto de Júpiter; (5261) Eureka, un troyano perteneciente a Marte.​ Más tarde, en 2001, se halló el primer troyano de Neptuno: 2001 QR322 y en 2010 se descubrió 2010 TK7 un troyano de la Tierra que mide alrededor de 300 metros de diámetro.
Pero volvamos a los troyanos de Júpiter. Los asteroides troyanos se encuentran distribuidos en dos regiones alargadas y curvadas alrededor de estos puntos de Lagrange. Cada grupo se extiende 26° a lo largo de la órbita de Júpiter, lo que suma un total de 2,5 U.A.​ La anchura de cada grupo es similar a la de dos radios de la esfera de Hill, lo que en el caso de Júpiter suma unas 0,6 U.A.​ Muchos troyanos de Júpiter tienen inclinaciones orbitales (relativas al plano orbital del planeta) de más de 40°. Los troyanos de Júpiter tienen órbitas con semiejes mayores entre 5,05 U.A y 5,35 U.A., con un semieje mayor promedio de 5,20±0,15 U.A.​
Los troyanos no mantienen una distancia fija con el planeta. Lentamente sufren una libración alrededor de sus respectivos puntos de equilibrio, variando su distancia con Júpiter de manera periódica con una disparidad de amplitudes que no alcanzan los 90º y menos aún los 120º necesarios para que haya un intercambio de asteroides entre ambos grupos.
Se cree que el grupo L₄ podría contener entre 160.000 y 240.000 asteroides con diámetros mayores de dos kilómetros y alrededor de 600.000 con diámetros mayores de un kilómetro.​ Estos números son comparables a los miembros del cinturón de asteroides. Se estima que la suma de las masas de todos los troyanos es de 0,0001 veces la masa de la Tierra, o una quinta parte de la masa del cinturón principal.
El troyano de mayor tamaño es Héctor, con un radio de 101,5±1,8 km.​ El valor medio es un troyano de 42 km. de radio. Existen pocos troyanos cuyo tamaño sea mucho mayor que el promedio de la población. El número de troyanos por debajo del valor medio crece más rápidamente, que en el cinturón principal, aunque luego ese crecimiento se iguala en el número. Los troyanos de menor tamaño se cree que son los productos de colisiones entre troyanos mayores.
Ahora sabemos que los asteroides troyanos son una mezcla de asteroides de clases muy diferentes (tipos C, D y P) con distintos colores (el espectro de emisión es ligeramente rojizo) y son cuerpos oscuros (sus albedos oscilan entre 0,03 y 0,11). El troyano de mayor albedo es Enomo con 0,18. ¿A qué se deben estas diferencias? Son un reflejo, como veremos luego, de sus diferentes procedencias. No existen evidencias sólidas de la presencia de agua. Solamente el asteroide Enomo podría indicar la existencia de agua en su interior, en forma de hielo. La presencia de materia orgánica sólo se ha evidenciado en los troyanos Agamenón y Patroclo.
Sus densidades varían entre los 0,8 gr/cc y 2,5 g/cm³. La primera corresponde al asteroide binario Patroclo lo que sugiere que otros muchos troyanos tienen tamaños y composiciones más similares a los cometas u objetos del Cinturón de Kuiper (hielo con una capa de polvo a su alrededor). El compañero de Patroclo, Menoetos, orbita a unos 650 km. mucho más pequeña que la esfera de Hill de 35.000 km. La densidad de 2,5 gr/cc corresponde al troyano binario de contacto Héctor (dos asteroides que orbitan tan cerca que acaban estableciendo contacto, como Proxima Thule en el Cinturón de Kuiper). Esta diferencia de densidades es desconcertante e indica que el origen de los asteroides troyanos es muy diverso. Se cree que fueron capturados en sus órbitas durante los primeros estadios de la formación del Sistema Solar, entre 500 a 600 millones de años después y durante la migración de los planetas gigantes lo que explicaría su diversidad. Parece que los troyanos fueron capturados durante la migración planetaria, provocada por el paso de Júpiter y Saturno a la resonancia orbital 1:2. Cuando esto ocurrió, Urano y Neptuno, y Saturno en cierta medida, se movieron hacia el exterior, mientras que Júpiter lo hizo ligeramente hacia el interior. Esta migración de planetas gigantes desestabilizó el Cinturón de Kuiper primordial, el cual expulsó millones de objetos hacia el interior del Sistema Solar. Estos objetos se acumularon y formaron los troyanos que se observan actualmente. Dicho con otras palabras, los asteroides troyanos se formaron originalmente en diferentes partes y por tanto guardan un registro de los procesos de formación del Sistema Solar y de cómo los planetas gigantes cambiaron sus órbitas en el pasado.
Otra teoría minoritaria sugiere que se formaron in situ. La última etapa de la formación de Júpiter involucró un crecimiento descontrolado de su masa debido a la acreción de grandes cantidades de hidrógeno y helio del disco protoplanetario; durante este crecimiento, el cual se prolongó solamente unos 10.000 años, la masa de Júpiter se multiplicó por diez. Los planetesimales que tenían órbitas cercanas a la de Júpiter fueron capturados por el campo gravitatorio cada vez más intenso del planeta gigante. Esta hipótesis presenta el problema de que el número de cuerpos atrapados excede en cuatro órdenes de magnitud la población de troyanos observada. No explicaría la diversidad de troyanos pero sí la inexistencia de troyanos de Saturno.
La sonda Lucy que despegará en octubre de 2021 estudiará los dos grupos de troyanos en los puntos L₄ y L₅: En su viaje a la órbita de Júpiter, en abril de 2025 pasará por el asteroide DonaldJohnson (1981 EQ5), un asteroide del cinturón principal de tipo C. Ya en L₄, en agosto de 2027 pasará por Eurybates (tipo C), en septiembre de 2027 visitará Polymele (1999 WB2), un asteroide de tipo P, en abril de 2028 se acercará a Leucus (1997 TS25) y en noviembre del mimo año a Orus (1999 VQ10), dos asteroides de tipo D. Luego Lucy se dirigirá hacia la órbita de la Tierra y en marzo de 2033 sobrevolará el asteroide binario de tipo P Patroclo/Menoetos en L₅. La visita a Patroclo es muy interesante por ser binario, el menos denso, posiblemente un objeto del Cinturón de Kuiper y quizá tener materia orgánica.

Fig. 7 Trayectoria de la misión Lucy a ambos grupos troyanos visitando los tres tipos de asteroides (C, D y P) ayudará a clarificar su origen y la migración de los planetas gigantes. Es la misión de la década de los 20.

El número de troyanos observados alrededor del punto L₄ es ligeramente superior al del punto L₅; esta disparidad se puede o no deber a un sesgo en la observación. No obstante, algunos modelos indican una estabilidad ligeramente mayor en el grupo L₄.
Las simulaciones muestran que aproximadamente un 17% de los troyanos iniciales de Júpiter son inestables, por lo que debieron ser expulsados en algún momento del pasado. El futuro a largo plazo de los troyanos es incierto por un comportamiento caótico con el tiempo causado por débiles resonancias con Júpiter y Saturno lo que reduciría su número. Además, los fragmentos eyectados de las colisiones entre troyanos también reducen lentamente su población.
En noviembre de 2018 Romina P. Di Sisto et. al. publicó The dynamical evolution of escaped Jupiter Trojan asteroids, link to other minor body populations en el que mediante simulaciones numéricas confirman la existencia de troyanos inestables. Hay una asimetría real entre L₄ y L₅ y que la tasa de escape de troyanos de L₅ es 1,1 veces mayor que en L₄. En asteroides con diámetro D>1 km. establecen dicha tasa en 18 troyanos expulsados de L₄ y 14 troyanos L₅ cada millón de años.
El tiempo de vida promedio de los troyanos escapados en el Sistema Solar es de 264.000 años para L₄ y de 249.000 años para L₅. Casi el 90% troyanos que escaparon cruzaron la zona de los Centauro y sólo los troyanos L₄ llegaron a la zona transneptuniana. Los centauros son un tipo entre asteroides y cometas, de ahí su nombre, que orbitan alrededor del Sol entre Júpiter y Neptuno.
La contribución de L₄ a los Centauros y TNO, es varios órdenes de magnitud mayor que la de L₅. Teniendo en cuenta la eliminación por colisiones, además de la dinámica, y suponiendo que los troyanos que escapan por colisiones siguen el mismo comportamiento que los eliminados por la dinámica, tendríamos una pequeña contribución de los troyanos a los cometas y centauros.

Las órbitas de herradura de los satélites de Saturno Jano y Epimeteo

Jano y Epimeteo son satélites coorbitales naturales de Saturno. Dos satélites coorbitales ocupan la misma órbita. Es decir están en resonancia 1:1. Estos satélites están en una curiosa órbita de herradura. También son coorbitales con Júpiter los asteroides troyanos que preceden o siguen a 60º de Júpiter.
Los astrónomos asumieron que había sólo un cuerpo en esa órbita, y como es evidente, era imposible reconciliar las observaciones de dos objetos distintos interpretándolos como si fuesen uno sólo.


  El descubrimiento de Jano se atribuye al astrónomo francés Audouin Dollfus que el 15 de diciembre de 1966 observó a uno de los dos desde el Observatorio de Pic du Midi. Es difícil saber a cuál de ellos. El 18 de diciembre, Richard L. Walker hizo una observación similar que se acredita ahora como el descubrimiento de Epimeteo. Doce años después, en octubre de 1978, Stephen M. Larson y John W. Fountain de la Universidad de Arizona comprendieron que las observaciones de 1966 se explicaban mejor si había dos objetos distintos (Jano y Epimeteo) compartiendo órbitas muy similares.
Cuando ya se conocía su duplicidad, Jano fue observado también por la sonda Pioneer 11 al pasar cerca de Saturno, el 1 de septiembre de 1979 y por la sonda Voyager 1 el 1 de marzo de 1980, En ese momento Jano se movía por dentro de la órbita de su gemelo, Epimeteo, que en ese momento era el más exterior.
La distancia de Jano a Saturno es 152.045 km. y la de Epimeteo es 152.050 km: una separación de sólo 5 km. Las dimensiones de Epimeteo son 130×114×106 km. con una masa de 5,266x10¹⁷ kg. Mientras que Jano es más grande y pesado. Mide 203×185×1526. con una masa de 1,8975 x10¹⁸ kg. Al desplazarse casi en la misma órbita viajan a velocidades muy similares, pero el satélite interior va ligeramente más rápido que el exterior, por lo que lo adelanta lentamente. Parece inevitable que se produzca un choque entre ambos, pero cuando se acercan entre sí su mutua atracción gravitatoria altera su cantidad de movimiento: el satélite interior gana cantidad de movimiento, se mueve hacia una órbita superior y pierde velocidad. El satélite exterior pierde cantidad de movimiento, se mueve hacia una órbita interior donde gana velocidad.

Fig. 10 A) Epimeteo va a menor distancia de Saturno y es ligeramente más veloz que Jano que va por el exterior. La distancia entre las órbitas es de 40 Km. inferior al tamaño de los objetos, así que van a chocar. B) Jano y Epimeteo al acercarse sienten una fuerza atractiva igual pero de sentidos contrarios que frena a Jano y acelera a Epimeteo. Es decir intercambian cantidad de movimiento. Como Epimeteo es 3,6 veces menor el incremento de velocidad es 3,6 veces mayor que la pérdida de Jano C) El frenado a Jano le lleva a una órbita 10 km. inferior y la aceleración de Epimeteo a una órbita 70 km. superior. Siguen estando en órbitas a 40 km. pero con intercambio de posiciones y Jano, ahora por dentro y más veloz, se aleja de Epimeteo. En 4 años se repite el intercambio y volverán a sus órbitas iniciales.

En pocas palabras: los dos satélites intercambian sus posiciones, el satélite interior se convierte en exterior y empieza a rezagarse. Ahora bien como la masa de Jano es 3,60 veces más masivo que Epimeteo la oscilación en su órbita es menor que la de Epimeteo. Cuando van a chocar, Jano que va por fuera, disminuye su órbita de 152.050 km. a 152.040 km. y Epimeteo, que a por dentro, pasa 152.010 km. a 152.080 km., así que intercambian los papeles y Epimeteo que iba a alcanzar a Jano ahora va más despacio que Jano y se aleja. Este hecho se repite cada cuatro años pero al revés. El 21 de enero de 2006 ocurrió uno de estos periódicos acercamientos. Hasta donde se conoce, esto es único en todo el Sistema Solar.


Fig. 11 Distancias orbitales (desde el centro de Saturno) de Jano y Epimeteo durante 26 años. Crédito: NASA / JPL / David Sello en Planetary.org.


Fig. 12 Evolución de la órbita Epimeteo-Jano desde un punto de vista que se está rotando cerca de la velocidad orbital de Jano. Epimeteo orbita en una forma de herradura con respecto a Jano. Crédito: Wikipedia Commons.

En la fig. 12 vemos que en un sistema rotante Epimeteo recorre la mayor parte de la órbita mientras Jano que tiene 3,6 veces más masa recorre una pequeña parte de la órbita. Además el ancho de la órbita de Epimeteo es mucho mayor que la de Jano como corresponde a un cuerpo menos masivo y que por tanto sufre una mayor variación en su velocidad por la interacción con Jano. Veremos posteriormente órbitas de herradura de dos cuerpos de masas similares que se reparten por igual (180º) el arco de la órbita y cuerpos uno más masivo que el otro, donde podemos considerar al primero inmóvil y al segundo recorrer todo el arco acercándose por ambas partes hasta una distancia equivalente al radio de Hill.
¿Se puede calcular el arco que recorre cada cuerpo en el caso de una relación de masas m? Al respuesta es sí y es un problema similar al cálculo del centro de masas. Es decir 
¿Se puede calcular las velocidades angulares y los periodos en que cada uno recorre su órbita hasta un próximo encuentro?
La verdad es que en principio esto dependería de si es Epimeteo (E) o Jano (J) el que va por dentro. Pero la diferencia, hechos los cálculos, es despreciable. En el primer caso: T_E=0,69961 d=16,7926 h. T_J=0,699968 d=16,7992 h.
El movimiento medio n_E=21,4380º/h mientras n_J=21,4296º/h.
La diferencia en movimientos medios 𝜟n=8,408x10⁻³ º/h=0,2018º/día.
Por tanto el periodo entre dos encuentros es 360º/0,2018º/día=1.784 días.
Y las velocidades angulares de Epimeteo 281º,8/1784d=0,158º/día y de Jano 78º,2/1784d=0,044º/d. En el otro caso T=1771d. Pero n casi igual 0,159 y 0,044.

Órbita de herradura

Una órbita en herradura es un tipo de movimiento de dos cuerpos co-orbitales alrededor de un tercero muy grande. Dado que están en resonancia 1:1 los períodos orbitales son parecidos. Además se observan desde un sistema giratorio que mantiene fijo a uno de los cuerpos. Su trayectoria parece tener una forma de herradura. Cuando el objeto se acerca al cuerpo más grande en cualquiera de los extremos de su trayectoria, su dirección aparente cambia. A lo largo de todo un ciclo, el planeta más pequeño traza el contorno de una herradura, con el cuerpo más grande entre los cuernos.
Las lunas de Saturno, Epimeteo y Jano, están entre sí en órbitas de herradura. Algunos asteroides están en órbitas de herradura con respecto a la Tierra como 54509 YORP, 2002 AA 29 , 2010 SO 16 , etc...


 Fig. 13 Dos planetas un Júpiter hipotético a 1 U.A. y la Tierra en órbita de herradura visto desde un sistema giratorio que mantiene a Júpiter fijo. Cómo Júpiter es mucho más masivo que la Tierra apenas se mueve mientras que la Tierra sigue una ruta de herradura (mostrada en amarillo). Cortesía de Sean Raymond (enlace) Un sistema planetario de herradura

Explicación del ciclo orbital de herradura 

Supongamos un asteroide que se encuentra en una órbita alrededor del Sol con el mismo periodo que la Tierra y que representado en un sistema coordenado giratorio ligado al Sol y la Tierra tiene una órbita de herradura.

Fig. 14 La Tierra y un asteroide están en resonancia 1:1. En los párrafos siguientes se describe esta órbita.

Es necesario comprender la dinámica órbital. El asteroide está en órbita elíptica alrededor del Sol. El asteroide siempre orbita el Sol en la misma dirección que la Tierra. La órbita de herradura surge debido a que la atracción gravitatoria de la Tierra cambia ligeramente esta órbita. Como hemos visto en Jano y Epimeteo el cuerpo más cercano al Sol completa la órbita más rápidamente que el cuerpo más alejado. Si un cuerpo acelera por la atracción de otro cuerpo su órbita se mueve hacia afuera del Sol. Si por el contrario desacelera, se acerca al Sol. Este cambio es tanto mayor cuanto menor masa tiene el cuerpo. Por tanto la Tierra tiene un ligerísimo movimiento de vaivén hacia L₁ y L₂.
Cuando el asteroide orbita más cerca del Sol que la Tierra va más rápido y la adelanta, por el contrario, cuando va más alejado va más lento que la Tierra y es ésta la que adelanta al asteroide. En un sistema giratorio con la Tierra fija parece alejarse en dirección contraria. Ambas situaciones junto a los momento que el asteroide da el salto de interior a exterior, que han sido ya explicados en Jano y Epimeteo forman el contorno de una herradura de donde recibe el nombre.
Supongamos que la órbita del asteroide comienza en el punto A, cerca de la Tierra y del punto L₅  y por el interior. El asteroide  está orbitando más rápido que la Tierra y está en camino de pasar entre la Tierra y el Sol. Pero la gravedad de la Tierra ejerce una fuerza de aceleración hacia el exterior, llevando al satélite a una órbita más alta en que (según la tercera ley de Kepler) disminuye su velocidad angular. Cuando el asteroide llega al punto B, está viajando a la misma velocidad que la Tierra. La gravedad de la Tierra sigue acelerando al asteroide a lo largo de la trayectoria orbital, y continúa llevando al satélite a una órbita más alta hasta el punto C. 
Entonces el asteroide alcanza una órbita lo suficientemente alta y lenta como para que comience a rezagarse de la Tierra girando aparentemente en movimiento contrario de C a D en un movimiento que tarda varios años. En D, la gravedad de la Tierra la hace aumentar su velocidad y cae a una órbita más baja, hasta el punto E. Ahora va más rápido que la Tierra y se aleja durante muchos años. Esto continúa hasta el punto E, donde la órbita del satélite ahora es más baja y más rápida que la órbita de la Tierra , y comienza a alejarse de la Tierra hasta el punto A.
Calculemos para el sistema de dos planetas un Júpiter hipotético a 1 U.A. y la Tierra en órbita de herradura tratado por Sean Raymond en Un sistema planetario de herradura.
Al igual que hemos hecho con Jano y Epimeteo el hipotético sistema con Júpiter y la Tierra coorbitales a la distancia de 1 U.A. Júpiter se mueve en un arco de ancho 1º,128 mientras la Tierra da la vuelta casi completa de 358º,87.
El ancho de la órbita de la Tierra es una función simple de la masa del planeta. Al igual que la esfera de Hill, el ancho de la región de la herradura aumenta con la raíz cúbica de la masa del planeta. Júpiter es 318 veces la masa de la Tierra, por lo que su ancho de la órbita de herradura de la Tierra es de aproximadamente (318)^(1/3) aproximadamente 6,8% veces la distancia de la Tierra al Sol, es decir 10,2 millones de Km. Esto es aproximadamente el radio de Hill de Júpiter cuando hipotéticamente está a 1U.A. Así cuando la Tierra va por el interior de la órbita va a una distancia media del Sol de 144,5 millones de km. por lo que tardaría 346,7 días en dar la órbita. Júpiter apenas se mueve va por fuera, pero el ancho es (1/318)^(1/3)=0,146%=219.200 Km. Así su distancia media al Sol es 1,0007U.A.empleando 365,64 días. Así los movimientos medios de la Tierra y Júpiter  son respectivamente 1,03834º/día y 0,98457º/día. Así la Tierra se aleja de Júpiter con un movimiento medio de 𝛥n=0,05377º/dia empleando 358º,87/0,05377= 6.674días=18,3 años.
Luego Sean Raymond trata de la habitabilidad de ésta Tierra en el periclo de 18 años por dentro y los 18 años por fuera y dado que nosotros no vamos a seguir por ahí, recomendamos su lectura.
Un caso distinto es cuando los dos planetas en órbita de herradura tienen masas parecidas o iguales. Ahora se reparten el espacio por igual correspondiendo media circunferencia a cada uno.
Fig. 15 Ruta orbital de dos planetas de masa iguales en una configuración de herradura. Este cálculo se ha realizado para planetas de masas 80 Mt. Para los planetas de la masa de la Tierra, la dinámica sería similar, pero las oscilaciones serían mucho menos pronunciados. Cortesía de Oklo.org.

Estabilidad

Hemos aprendido mucho de los cuerpos en resonancia 1:1 o coorbitales. ¿Pero son estables estos cuerpos? Pueden existir Planetas Troyanos, o planetas en órbita de herradura. Como hemos visto, las cosas son distintas si los cuerpos en órbita tadpole o herradura son de masas parecidas o uno mucho mayor que otro. Un parámetro útil es la relación entre las masas de Júpiter y el Sol que es 9,547x10⁻⁴.

  • Si se tratase de dos enanas marrones en el límite de serlo m=12 mJ  girando alrededor de una estrella como el Sol 𝜇=24x9,547.10⁻⁴=0,0229<0,038 luego todavía estables pero en el límite.
  • El problema es la existencia de sistemas más complicados, como si al sistema se añade un tercer planeta. El sistema TOI-178 tiene un tercer planeta interior. Lo que han demostrado Adrien Leleu y otros, con su trabajo, es que desde un punto de vista de la estabilidad ello es posible. Pero no olvidemos que de momento son planetas candidatos Tess.
Fig. 16 Los dominios de estabilidad para los candidatos coorbitales del sistema TOI-178. a) como una función de la masa de los dos planetas coorbitales, fijando m₃ =2,5x10⁻⁵M; y b) como una función de la suma de las masas de los dos planetas coorbitales y el planeta interno m₃. Las líneas punteadas representan la intersección de las condiciones iniciales a) y b). El código de colores es: los puntos negros representar órbitas estable por encima de 10¹º períodos orbitales. Los pixeles grises son los que a largo plazo son inestable, y los pixeles blancos son los términos inestables a corto plazo.

Igual pasa con los planetas coorbitales Kepler-132 b y c o de Kepler-271 b y d que están acompañados por dos o un planetas externos respectivamente, pero no hemos encontrado estudios de estabilidad similares a la fig. 16 para TOI-178.
El menos masivo de los dos planetas coorbitales es, el que tiene una amplitud de libración alrededor del puntos Lagrange de equilibrio más grande.
  • Las configuraciones de herradura para ser estables necesitan condiciones más estrictas 𝛍<0,0004. (Garfinkel 1976; Érdi 1977; Niederman et al. 2018).
  • En el caso hipotético de Júpiter y la Tierra coorbitales y tratado por Sean Raymond es inestable pero en el límite de la estabilidad. Bastaría cambiar Júpiter por un planeta de masa 0,4 Mj.

Así pues cuando ambas masas son similares a la masa de Saturno aunque más baja, los dos planetas coorbitales pueden estar en una órbita de la herradura estable. Para planetas como dos jupíteres 𝜇=1,91x10⁻³>4x10⁻⁴ y la configuración de herradura es inestable.

Resumen

Cuerpos coorbitales son dos o más que giran en la misma órbita. Es decir están en una resonancia 1:1.
Los asteroides troyanos son coorbitales, ellos oscilan a 60º de Júpiter o del planeta del que son troyanos. El menos masivo de los dos planetas coorbitales es, el que tiene una amplitud de libración alrededor de los puntos Lagrange de equilibrio más grande. Su órbita se llama tadpole
Hasta la fecha estamos a punto de descubrir planetas troyanos, si no los hemos descubierto ya.
También son coorbitales los satélites de Saturno Jano y Epimeteo que distan en sus órbitas menos que la suma de sus diámetros. Estos últimos constituyen órbitas de herradura si consideramos un sistema giratorio con uno de los satélites y expresamos el movimiento del otro. Los cuerpos con órbitas de herradura son como troyanos cuya amplitud es tan grande que se pueden intercambiar entre los puntos de Lagrange L₄ y L₅.
Los planetas en órbitas de herradura no han sido descubiertos todavía. Atendiendo a su estabilidad por la masa son menos abundantes que los planetas troyanos, pero pueden existir.
Otros asteroides son cuasisatelites es decir un objeto que, orbitando en torno a una estrella, se encuentra en resonancia orbital 1:1 con un determinado planeta. Describen órbitas que son coorbitales con el planeta pero de diferente excentricidad. Debido a esta resonancia, el objeto puede mantener una órbita relativamente estable durante largos periodos de tiempo con el planeta. 
Fig. 17 El asteroide Cruithne es un NEO que orbita el Sol a 0,998 U.A. en 364 días y excentricidad e=0,515. Si consideramos un sistema giratorio con la Tierra fija, (3753) Cruithne parece orbitar la Tierra. Fue descubierto en 1986 y su movimiento fue descrito por Paul Wiegert et. al. en 1997. Cruithne tiene 5 km de diámetro, y en su aproximación máxima a la Tierra se acerca a tan sólo 12,5 millones de km. (30 veces la distancia entre la Tierra y la Luna) cosa que ocurrirá en 2289 como ya sucedió en 1902. Tarda 387 años en su ciclo. Luego orbitará a una distancia ligeramente superior a la de la Tierra.

A diferencia de los verdaderos satélites, los cuasisatélites orbitan fuera de la esfera de Hill de su planeta, que es la zona en la que la fuerza gravitatoria que ejerce el planeta domina sobre las fuerzas gravitatorias de su estrella. Como consecuencia de ello, las perturbaciones gravitatorias externas tenderán a alterar la órbita del objeto, pudiendo eventualmente desvincularlo de la resonancia con el planeta. La Tierra tiene 9 cuasisatélites conocidos. Se calcula que todos ellos permanecerán en durante miles de años o incluso más tiempo. Venus tiene un cuasisatélite, 2002 VE68 que también cruza las órbitas de Mercurio y la Tierra. Su estabilidad será mucho menor, ha estado acompañado a Venus durante los últimos 7.000 años, y será expulsado dentro de unos 500 años. No se han encontrado cuasisatélites de los cuatro gigantes del Sistema Solar, lo que no significa no puedan existir. 
En el Sistema Solar existen asteroides troyanos, en órbita de herradura y cuaisatélites pero ninguno ni de lejos se acerca al tamaño de un planeta. En los sistemas extrasolares estamos a punto de descubrir este tipo de planetas. La famosa astrofísica dedicada a la búsqueda de exoplanetas Sara Seager del MIT en el prólogo de Exoplanets dice:
So many surprising discoveries have been made that by now we know to expect the unexpected.
Es decir, en exoplanetas, mientras algo no este físicamente prohibido, existe, y tarde o temprano acabaremos por descubrirlo. Los planetas troyanos o en órbitas de herradura no están físicamente prohibidos y el alicantino Jorge Lillo-Box espera encontrarlos si no lo ha hecho ya.

jueves, 7 de marzo de 2019

Los calendarios y la fecha de la Pascua gregoriana

Desde hace muchos años he contado la historia de que la fecha del domingo de Pascua es el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera. Naturalmente en el hemisferio norte. Para mi, amante de la astronomía es un bello hecho que implica saber cuando es la Primavera (20, 21 de marzo), saber cuando es la primera luna llena de la primavera y esperar al domingo siguiente. Hace pocos días mi amigo Paco Burguera me indicó, en estas charlas de jubilados en la que por cierto, no cuidamos obras ni alimentamos a las palomas, que en 2019 esto es falso. La primavera empieza el 20 de marzo a las 21h 57m TU y hay luna llena el 21 de marzo del 2019 que es jueves, así que la Pascua debería ser el domingo 24 de marzo. Sin embargo una consulta al calendario y resulta que es el domingo 21 de abril después de la segunda luna llena de la primavera, que ocurre el viernes 19 de abril. A la primera fecha le podremos llamar pascua astronómica. A la segunda, pascua eclesiástica y en 2019 no coinciden. 
Para mí físico, catedrático de Matemáticas jubilado en el IES Luis Vives de València y que a lo largo de mi vida académica he dado en Informática, programación en Visual Basic y Applets de Java, a los alumnos de ciencias de 2º de Bachiller, el algoritmo de Gauss del cálculo de la Pascua ha sido un motivo recurrente. Fue fascinante observar una excepción en una regla que consideraba siempre válida, por lo menos tras la implantación del calendario gregoriano en 1582. Así que decidí investigar más y el resultado es, cuanto menos, curioso. Por cierto no se preocupen el algoritmo de Gauss calcula para la Pascua de 2019 el domingo 21 de abril.

Fig. 1 Cálculo de la fecha de la Pascua en 2019 por el algoritmo de Gauss.

Calendarios gregoriano, hebreo y musulmán

Los tres calendarios que vamos a tratar tienen una procedencia religiosa. Un calendario necesita una unidad, un origen o inicio en el tiempo y un objeto astronómico de referencia. Normalmente el origen es una acontecimiento histórico para estas religiones, que obviaremos. La unidad es el día y tiene en las tres un múltiplo común la semana de 7 días, que obviamente se relaciona con las fases de la Luna. En las tres religiones hay un día de descanso u oración que es el viernes (al-yuma’a) en la musulmana, shabat para los judíos y el domingo para los cristianos. Otro múltiplo es el mes y el año. El calendario es el intento de que el mes o año civil que tiene una duración en días entero, represente al mes lunar o al año solar cuya duración es un número irracional. Así que la perfección es inalcanzable.
Los tres calendarios son diferentes porque usan objetos de referencia distintos. El nuestro, el gregoriano usa al Sol, es un calendario solar. El calendario musulmán usa la Luna, es un calendario lunar, mientras el hebreo usa a la vez al Sol y a la Luna es una calendario lunisolar. En los calendarios hebreo y musulmán el mes, es el mes lunar. Cada mes se inicia con la luna nueva y acaba con la siguiente. 
En un principio el calendario hebreo y musulmán eran observacionales, necesitan de una observación del creciente lunar para empezar el mes en el caso musulmán o comprobar si la cebada está madura y si no es así, introducir un mes más, haciéndolo embolístico en el caso judío.
Siendo rigurosos, en el calendario musulmán, no se puede saber cuando empieza un mes y la duración que tendrá. Por tanto el comienzo del Ramadán puede tener una diferencia de un día o dos entre unos países y otros. El calendario musulmán sigue actualmente siendo observacional, no obstante existe una variante conocida como calendario musulmán tabular que tiene la duración de los meses fijada y a él nos referimos siempre a partir de ahora. En este sentido es computacional.
La duración del mes lunar o tiempo que tarda la Luna en repetir su posición relativa respecto a la Tierra y el Sol es de 29,5305891 días así que en modo rudo estos calendarios alternan meses de 29 y 30 días para conseguir un periodo medio de 29,5 días aproximado a la duración del mes lunar, pero no exacta, lo que lleva a otras complicaciones que veremos posteriormente. El mes en el calendario gregoriano tiene duraciones de 28, 30 y 31 días que vagamente se parecen al periodo sinódico lunar o al tiempo que tarda el Sol en cruzar cada uno de los 12 signos del zodiaco. Sus duraciones son arbitrarias y fruto de mil anécdotas. El año en el calendario musulmán tabular tiene 12 meses, 6 de 29 días y 6 de 30 por lo que dura 354 días añadiéndose un día extra en el último día del último mes del año llamado Dhu-al-Hijjah que pasa a tener 30 días. Estos años llamados embolísticos en el calendario musulmán tabular son similares a los bisiestos de nuestro calendario y hay 11 en un ciclo de 30 años. Así en el ciclo de 30 años hay 10.631 días y 360 lunaciones por lo que la duración del mes es de 29,53056 días que se acerca mucho más al mes lunar.
El hebreo, el gregoriano y el calendario musulmán tabular son ahora computacionales: hay unas reglas que nos dicen de antemano que años son embolísticos.
En los calendarios musulmán y judío las fase lunares están perfectamente fijadas mientras que en el gregoriano bailan a lo largo del mes. En los calendarios gregoriano y hebreo el comienzo de las estaciones está casi fijado mientras en el musulmán, el comienzo de las estaciones bailan por todo el calendario.
La Tierra tarda en dar una vuelta al Sol 365,2422 días. El calendario anterior al gregoriano, el calendario juliano, en honor a Julio Cesar, tenía 12 meses y 365 días. Cada 4 años se ponía un día extra a final de febrero y de esta forma el año civil tenía una duración de 365,25 días lo que excedía a la duración real. Vayan dos anécdotas: el año empezaba en marzo y acababa en febrero así que se añadía el día bisiesto el último día del año. El mes de julio (anteriormente quintilis, el quinto) tiene 31 días y le fue dado el nombre en honor a Julio Cesar. Años después a sextilis que tenía 30 días se le dio el nombre de agosto en honor al emperador Augusto. Pero claro no podía tener menos días que julio, ésta es la razón de que agosto tenga 31 días.
En 1582 el desajuste en el calendario juliano por la mayor duración del año era de unos 12 días lo que atrasaba la fecha del inicio de las estaciones, así la primavera empezaba sobre el 9 de marzo y hubiera acabado por caer en el más crudo invierno. Para solventarlo los astrónomos, entre los que estaba Chistoforus Clavius, sugirieron al papa Gregorio XIII que eliminara los 10 días que van del 5 al 14 de octubre de 1582, así el día siguiente al 4 de octubre fue el 15 de octubre. Para que esto no volviese a ocurrir, se quitaron los bisiestos seculares no divisibles por 400. Es decir de los años 1600, 1700, 1800, 1900, 2000, .... todos bisiestos en el calendario juliano, se quitaron tres y se mantuvieron como bisiestos 1600 y 2000 etc. Así la duración del año civil gregoriano es: 365+1/4-3/400=365,2425, que se parece mucho a la duración real. Los dirigentes de la iglesia ortodoxa no aceptaron la reforma de Gregorio XIII y siguieron con su calendario juliano. Hay pues una diferencia de 12 días entre ambos calendarios. Por ello, la revolución bolchevique en Rusia se llama Revolución de Octubre cuando según el calendario gregoriano ocurrió en noviembre. En el calendario juliano se han visto obligados a hacer variar el comienzo de la primavera, así aunque lo normal es que la pascua ortodoxa se celebre con unos días de retraso respecto a la católica, pueden llegar a coincidir.
En el calendario musulmán tabular ya que en un ciclo de 30 años hay 10.631 días, el año tiene una duración media de 354,3666...  días. Así que es 10,8758 días más corto que el gregoriano. El inicio y fin de los meses y año y sus fiestas, aunque todas son fijas en el calendario musulmán, se adelantan casi 11 días en sus fechas en el calendario gregoriano, tardando 33,6 años en recorrer todo el año gregoriano. Los principios de las estaciones pueden ocupar cualquier mes del calendario.
El calendario hebreo es lunisolar necesita ajustar la duración del mes a la revolución lunar y su año a la solar por los que es mucho más complicado. Se basa en un hecho conocido desde la antigüedad: el ciclo de Meton. Hay un común múltiplo de los ciclos solar y lunar. En 19 años tropicales hay 235 meses lunares sinódicos. En efecto:
235 lunaciones sinódicas=235x29,5305891=6.939,688 días
19 años tropicales=19x 365,2422=6939,602días
La discrepancia apenas alcanza 0,086 días=2 horas.
Cada 19 años las fases de la Luna ocurren en las mismas fechas. El ciclo debe su nombre a Meton (460 a.C.) un matemático, astrónomo, geómetra ateniense. Pero parece que este ciclo era conocido en Mesopotamia en el siglo VI a.C. El ciclo se usa en los calendarios lunisolares y por tanto en el calendario hebreo. El último mes del año hebreo se llama Adar y tiene 29 días. En un ciclo de 19 años hebreos hay: 7 años embolísticos de 13 meses lunares y 12 años de 12 meses.
Los años embolísticos son similares a los bisiestos, sólo que en vez de añadir un día, añaden un mes (Adar I) de 30 días, que se coloca antes del último mes del año que es Adar, que estos años se llama Adar II. De esta manera el año civil lunisolar intenta parecerse al año solar. Además y para adaptarse a las fases lunares a semejanza del calendario musulmán tabular se añade o quita un día (y ésta es la novedad respecto al calendario musulmán tabular). En un ciclo de 19 años hay 5 años regulares donde no se añaden días. 5 años deficientes donde se quita 1 día y 9 años completos donde se añade 1 día. Esto funciona tanto si el año es embolístico como si no. En resumen hay 6 tipos de años:
Fig. 2 Duraciones de los diferentes tipos de años en un calendario hebreo.

Ahora contemos el número de días que hay en esos 19 años:
7 años embolísticos y 12 no embolísticos y todos ellos regulares tienen:
7x384+12x354=6.936 días. Aparte, 9 de los años son completos, por lo que hay que añadir 9 días y 5 son defectuosos, por lo que hay que restar 5 días, es decir, en el ciclo de 19 años judíos hay 6.940 días.
En el calendario gregoriano, en los 19 años siempre hay 5 bisiestos, así que el total de días es  15x365+5x366=6.940.
Así que el mes medio judío tiene una duración 29,5319 días. Recordemos que el mes sinodico lunar dura 29,5305891 y el mes medio musulmán 29,53056 días.
El año medio judío dura 365,2631 días mientras que el real es 365,2422 días y el año medio del calendario gregoriano dura 365,2425 días.
¿Donde se  añaden/quitan los días en los años deficientes, regulares y completos?
El año empieza con el mes de Tishrei que tiene 30 días. El segundo y tercero es donde se hacen los cambios. Jeshván el segundo mes tiene 29 ó 30 y el tercero Kislev 30 o 29 días según la tabla:

El cuarto mes Tevet tiene 29 días.
En el calendario hebreo los años embolísticos tienen por objetivo fundamental ajustar a la duración del año real, mientras que, el quitar o añadir un día tiene por objetivo ajustar a las fases de la Luna.
Dado que el calendario gregoriano y hebreo tienen una duración media del año tan similar, si el año gregoriano es AG, para obtener el año judío AJ, hay que sumar una cantidad constante de 3.760 años. En cambio, el año musulmán tabular tiene una duración de 0,970223=65/67 años gregorianos lo que unido a su origen en el 621,54 por la Hégira, hace que la relación entre el año gregoriano A y el musulmán H sea A=0,970223H+621,54 mientras la transformación inversa es H= 1,03069(A-621,54). El año 2019 de nuestro calendario corresponde a los años 1440 y 1441.
El año hebreo tiene una duración muy variable que hace que comience en septiembre u octubre. Así los nueve o diez primeros meses corresponde al año calculado y los últimos tres meses al siguiente. Por ejemplo el año hebreo 5779 corresponde aproximadamente a los primeros 9 meses de 2019 y el último trimestre ya es del año 5780.
Para saber si un año judío es embolístico hay que dividir por 19. Si los restos de la división son 0, 3, 6, 8, 11,14, 17 el año es embolístico. En caso contrario, no.
En el calendario gregoriano la fecha de los equinoccios está perfectamente fijada a 20 o 21 de marzo. El mantenimiento del bisiesto de 1600 la llevó al 20 de marzo, con los 400 años de duración del año en 365,25 volvió al 21 y ahora con el bisiesto de 2000 es, otra vez, el 20 de marzo. Pasarán bastantes años antes de que vuelva a ser el 21, antes de que el año 2400 la devuelva al 20 de marzo.

Fig. 3 El comienzo de la primavera en el calendario gregoriano en el periodo de 19 años de 2016 a 2034. Siempre es el 20 de marzo y cambia la hora. Los mínimos corresponden a los años bisiestos debido a la introducción del 29 de febrero. De bisiesto a bisiesto, la hora disminuye aproximadamente ¾ de hora, a causa de que el año dura una fracción de día de 0,2422x24=5,813 horas y en los cuatro años son 23,25 h. Al añadir el día bisiesto 23,25-24= -0,75 h. Esto es lo que se llama declive de los bisiestos. En un siglo adelantaría el equinoccio 0,75x25=18,75 h. Pero la reforma gregoriana hace que 2100, que debería ser bisiesto, no lo sea, así que el inicio de la primavera se retrasa 24-18,75=5,25 h. Es decir de 2100 a 2400 el principio de la primavera se retrasa 5,25x4=21h. Pero llega 2400 que es bisiesto, con lo que en el ciclo de 400 años sólo hay un retraso de 3h (exactamente 2h53m).
 
Fig. 4 El comienzo de la primavera en el calendario gregoriano en las proximidades del año 2300. Ese año no es bisiesto y desde 2296 al 3004 no hay bisiestos con lo que el inicio de la primavera se retrasa más allá de las 16 h. del 21 de marzo (del libro Hemerología de Wenceslao Segura). La imagen ha sido ligeramente cambiada para eliminar errores.

Fig. 5 Ciclo de 400 años de los bisiestos del calendario gregoriano. AE representa el declive de los bisiestos del año 0 al 96, que representa un adelanto de 17h58m., que el año 100 no sea bisiesto, representa un atraso hasta el año 103 de (–0,7488-0,2422x7=0,9466d=22h43m.). Luego viene el bisiesto 104 y el atraso disminuye a 0,1888 d=4h32m. con el declive de los bisiestos del año 104 al 196. Ese año el adelanto es (–0,7488+0,1888)d=13h 26m y el ciclo sigue hasta el año 400 que es bisiesto. En el año 400 el retraso es de sólo –0,12 d=2h53m y el nuevo ciclo de 400 años se repite añadiendo ese desfase.

El año medio hebreo es muy parecido al real y a largo plazo, la fijación del comienzo de las estaciones esta asegurada. Pero la gran variabilidad del año hebreo, hace que a corto plazo, el equinoccio de primavera tenga una gran variación de hasta 27 días.
Fig. 6 Los mismos 19 años de la figura 3 están ahora calculados para el calendario hebreo. El 0 representa el día 15 de Nisan fecha de la luna llena. La primavera ocurre con esos días de adelanto respecto a esta fecha. Como el periodo lunar es de 29,5 días hay 4 años en el ciclo, en que antes del 15 de Nisan, hay otra luna llena en la primavera. Corresponde a los años hebreos 5776, 5779, 5784 y 5787 todos embolísticos y que corresponden a los años 2016, 2019, 2024 y 2027.

La fig. 6 puede verse desde un punto de vista del calendario gregoriano de la siguiente manera: los trozos rectilíneos representan siempre el 20 de marzo y al cabo de los día señalados, en cada caso, ocurre una luna llena que será la primera de la primavera excepto en 4 años del ciclo.

Vamos a usar el ciclo de 19 años del 5776 al 5794 del calendario hebreo para saber ¿qué tipo de año son? Para ello se puede usar cualquier fecha pero usaremos el 15 Nisan.

Fig.7 El ciclo hebreo de 19 años y los años embolísticos, completos, deficientes y regulares en el ciclo.

Las fiestas en los calendarios

En el calendario gregoriano hay fiestas fijas como Fallas (19 de marzo, pero que en principio se relacionaba con el equinoccio de Primavera), Navidad etc. y fiestas móviles como la Pascua. Otras muchas son móviles pero relacionadas con la Pascua  por ejemplo: miércoles de ceniza, 46 días antes de la Pascua o el corpus 60 días después.
En el calendario musulmán no hay  fiestas móviles. Todas tienen su fecha fija como el 30 de Ramadan que señala el fin del mes del ayuno y la pascua pequeña que ocurre al día siguiente 1º de Chawwal. Otras fiestas importantes son el 10 de Dhu-al-Hijjah (Pascua grande o Fiesta del cordero) o el nacimiento del Profeta que se celebra el 12 de Rabi' al-awal.

La fecha de la Pascua gregoriana

Las tres religiones tienen una fiesta de la Pascua pero con significados muy diferentes, aunque con aspectos comunes.
La Pascua hebrea (Pésaj) se celebra el 15 Nisan y festeja a salida de Egipto y el fin de la esclavitud. Es la fiesta del peregrinaje y se relaciona con el consumo de alimentos no fermentados. Es la fiesta del pan ácimo. En ella se sacrifica un cordero pascual y como señal de aprovechamiento se consume todo de él.
La Pascua cristiana celebra el martirio de Jesús en la cruz. Esto ocurre cuando el pueblo hebreo celebra el sacrificio del cordero, razón por la que el evangelista san Juan identifica a Jesús con el cordero pascual.
Es una fiesta variable y por esto estamos escribiendo esta entrada.
La fiesta musulmana del cordero conmemora la petición a Abraham (por cierto un patriarca común a las tres religiones) de matar a su hijo Ismael y cómo Abraham no duda en ejecutar el mandato divino, éste le pide que cambie su acción por el sacrificio de un cordero. Puedes pensar que me he equivocado, que el hijo no es Ismael si no Isaac, pero es que ésta es la única diferencia entre la tradición musulmana y la hebrea y cristiana. Pero volvamos a lo nuestro, la determinación de la fecha de la Pascua.
El día hebreo, al igual que el musulmán, empieza a la puesta del Sol. Cuando el Sol se pone el 14 Nisan, ha transcurrido medio mes lunar y es luna llena. La fecha de la Pascua judía es una fecha fija, el 15 Nisan. El mes de Nisan empieza como muy pronto el 13 de marzo, el equinoccio de primavera ocurre como mínimo 7 días antes de la luna llena, así que la luna llena del mes de Nisan ocurre seguro tras el equinoccio de primavera. Es más, como hemos visto, en 4 ocasiones durante el ciclo no es la primera luna llena de la primavera.
Por motivos puramente religiosos los católicos no quisieron que ambas Pascua, la hebrea y la católica coincidieran. Los católicos decidieron retrasar la Pascua al domingo siguiente. Como la Pascua hebrea puede caer en cualquier día de la semana, decidieron, que si la Pascua hebrea caía en domingo, la retrasaban al domingo siguiente.

El fallo de la regla

Sabemos que la aseveración, la fecha del domingo de Pascua es el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera es falsa. Este año es la prueba. Pero ¿cuántas excepciones hay?
Cojamos el anterior ciclo de 19 años:
Fig. 8 La regla del cálculo de la Pascua católica en un ciclo de 19 años.

El * significa que la luna llena cae en domingo y se retrasa una semana.
Vemos que la regla funciona perfectamente excepto para 2019.

La relación entre la Pascua hebrea y católica

La relación entre la Pascua hebrea y católica es muy estrecha ¿sería posible que los católicos hubieran asumido que la pascua es el domingo siguiente al 15 de Nisan hebreo? Para averiguar cogemos los mismos 19 años:

Fig. 9 El 15 de Nisan y la fecha de la Pascua católica.

El * significa lo mismo. Hay dos, en vez de tres, porque no es lo mismo que la primera luna llena y el 15 Nisan caiga en domingo, ya que, aunque el calendario hebreo es bastante perfecto, a veces hay un ligero desfase de un día y el 15 de un mes no es luna llena.
Observamos que a diferencia de la pascua astronómica, para 2019 no hay excepción porque realmente en el año 5779 el 15 Nisan no es la primera si no la segunda luna llena de la primavera, como en el calendario gregoriano. Por tanto los cristianos no procedieron a copiar la pascua hebrea porque falla no una si no tres veces, en años embolísticos. Aunque hay 4 embolísticos que lo cumplen.

Listando los años de la no coincidencia de las pascuas astronómica y eclesiástica

Podemos averiguar ¿en qué años aparte de 2019 falla la regla? Sí y tiene que ver con el ciclo de 19 años:

Fig. 10 Listado de las excepciones a la regla.

Vemos que cada 19 años y empezando por 2019, cuando la luna llena queda a menos de un día del principio de la primavera, se produce la excepción. Hemos tenido que poner la hora del principio de la primavera y de la luna llena porque el lapso entre ellas es muy ajustado. En el año 2000, la luna llena de marzo ocurre 3 horas antes del inicio de la primavera y no hay excepción.
Por tanto, 2019 es el primero de una serie. ¿acabará algún día? ¿se dio antes esta excepción desde la reforma gregoriana al año 2000?.

La probable razón de la excepción

No obstante aún no sabemos la auténtica razón. Desde el siglo III los cristianos empezaron a desarrollar un calendario eclesiástico lunisolar computacional con un único fin. No depender de los hebreos para calcular la pascua cristiana. Un gran avance, pues por aquellos tiempos el calendario hebreo era observacional para interponer el año embolístico. Ello requirió usar el ciclo metónico y unos depurados conocimientos astronómicos que sólo se poseían en Alejandría.
Durante la reforma del calendario gregoriano hubo que dar un salto en los valores de los conceptos que se usaban para calcular la pascua católica. A modo de enunciación estos son:
El número de oro o aúreo que indica el número de orden del año dentro del ciclo metónico de 19 años. Si A es el año, para calcularlo, se halla el resto de la división de (A+1) y 19.
La epacta del año es la edad de la Luna el día 1 de enero. Cada día del año tiene una epacta que es la edad de la Luna empezando por la luna nueva. Para calcular la epacta del año, se halla el resto de (B-1)x11 y 30, donde B es el número de oro. Se puede representar en números romanos. En 2019 el número aúreo es 6 y la epacta 25: XXV
La letra dominical del año, puede ser A, B, C, D, E, F y G. Corresponde al primer domingo del año. Por ejemplo en 2019 el primer domingo es el 6 de enero, luego le corresponde la letra F. Cada día del año tiene un letra dominical y el 1 de enero tiene la letra A. Como cada año normal de 365 días tiene 52 semanas y 1 puñetero día, la letra dominical de 2018 era la G y la de 2017 la A. El avance de una año provoca el retroceso de una letra. ¿Qué pasa con los bisiestos como 2020? Que le correspondería la E en los primeros dos meses. Si el 1 de enero tiene la A, el 28 de febrero le toca la C y al 1 de marzo la E. Así que a 2020 le corresponden la ED. Al bisiesto anterior 2016 la CB. La letra dominical del año tiene un ciclo de 28 años.
La Indicción Romana es un ciclo de 15 años que surgió en el siglo IV. Para calcularla para un año A, se halla el resto de (A+3) y 15. Así para 2019 le corresponde 12 o XII.
A partir del número aúreo, la epacta y la letra dominical del año se puede calcular la luna nueva pascual y 13 días después la luna llena pascual. El domingo pascual o fecha de la pascua eclesiástica es el primer día que contenga la letra A si es 2017, la G si es 2018, la F si es 2019 o la D si es 2020.
Los algoritmos de Gauss y Butcher se basan en el calendario eclesiástico gregoriano y por tanto, en ellos, no se nota la excepción, pues calculan la pascua eclesiástica.
La excepción a la regla se debe, con toda probabilidad, a un cálculo erróneo de la luna llena pascual cuando la fecha del equinoccio y la Luna llena que ocurre con posterioridad están muy próximas. Nótese que en 2016, el equinoccio de primavera ocurre el 20 de marzo a las 4 h. 30 m. y la luna llena, ocurre el 23 de marzo a las 11 h. 59 m. con un lapso de 79,5 h. Mientras en 2038, el lapso es 25,36 horas y hay excepción. Entre ambos valores está el límite por debajo del cual ocurre la excepción a la regla.

Posdata: Durante la escritura de esta entrada he profundizado en el conocimiento de los calendarios, y he vuelto a la pasión calculista de mi juventud. Cálculo del inicio de las estaciones, cálculo de los instantes de la luna nueva y llena, que se usan para calcular los eclipses, conversión de fecha de calendario a fecha juliana, cálculo del día de la semana de una fecha, cálculo de la Pascua usando el algoritmo de Gauss y Butcher. Y aprender algo que no sabía la excepción de la regla de que la fecha del domingo de Pascua es el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera. Pero no olvides que es una excepción que empieza este año 2019 y no se repite hasta dentro de 19 años y múltiplos de esta cifra.


viernes, 22 de febrero de 2019

Origen de la dicotomía entre mundos océano y planetas secos

Nuestra Tierra tiene sólo un 30% de su superficie que son continentes (tierra) y un 70% de océanos por lo que para algunos habría que cambiarle el nombre. Sin embargo, a pesar de las apariencias, nuestro planeta es un mundo con un contenido pobre en agua. Comparémoslo con Encélado y Europa dos satélites de Júpiter y Saturno respectivamente. La Tierra tiene un volumen 16.540 veces Encélado y 67,4 veces Europa. Sin embargo sus contenidos en agua son sólo 31,8 y 0,5 respectivamente. A la proporción la Tierra tiene 520 y 135 menos agua que estos dos satélites. Sólo el 0,13% en volumen de la Tierra es agua frente al 67,6% de Encélado y el 17,5% para Europa. Si la Tierra tuviese el mismo porcentaje de agua que Encélado y Europa en vez de una capa uniforme de agua de 2,74 km. sus océanos tendrían un espesor de 1.435 km. y 372,5 km. respectivamente. Realmente auténticos mundos océano como alguno de los planetas extrasolares descubiertos.
Se puede decir que la Tierra y mucho más los otros planetas internos del Sistema Solar como Marte, Venus y Mercurio son mundos pobres en agua o secos.
El prototipo de planeta océano es GJ 1214 b descubierto en 2009 mediante el método del tránsito. Orbita cada 38 horas una pequeña estrella enana roja situada a 42 años luz del Sistema Solar. El planeta tiene una masa 6,4614 Mt con 2,6665 Rt y una densidad de 1,878 gr/cm³ sugiriendo que en la composición está rodeado de una densa atmósfera. Las observaciones son coherentes con una atmósfera compuesta en más del 50% por vapor de agua. Una Tierra hipotética del tamaño de nuestro planeta, formado por una Tierra de composición idéntica a nuestro planeta y radio 4.935 Km y una envoltura de agua de 1.435 Km. tendría una masa de 0,5603 Mt y una densidad media de 3,08 gr/cc. Es decir no llegaría a ser una planeta océano como GJ 1214 b. Para que esa Tierra hipotética tuviese la densidad de GJ 1214 b el planeta tendría una masa 0,3412Mt y una profundidad oceánica de 2.675 km. El cálculo es rudimentario y no tiene presente la compresión del material. Una Tierra de 4.935 Km. de radio y la misma composición tiene una densidad media inferior a 5,5 gr/cc y rodeada de un océano de agua de tal profundidad la densidad de ésta es mayor que 1. Es decir los dos hechos se compensan parcialmente. No se ha considerado la existencia de atmósfera. Quizá no todo el radio medido de GJ 1214 b sea planeta e incluya algo de atmósfera lo que aumentaría la densidad media de GJ 12 14 b.

1.- Componentes del núcleo: Isótopos

Un átomo está formado por un pequeño núcleo cargado positivamente, que contiene protones y neutrones (llamados colectivamente nucleones o bariones) rodeados por una multitud de electrones cargados negativamente. La carga del electrón y del protón es la misma pero de signo contrario y es la mínima unidad de carga libre de la naturaleza. El protón y el neutrón tienen aproximadamente la misma masa, mientras que la masa del electrón es 1836 veces menor que la del protón. Así que en un átomo el núcleo es con mucho el responsable de la masa. Todos los núcleos de un elemento dado tienen el mismo número de protones. El hidrógeno, el elemento más liviano, tiene 1; el helio, 2; el carbono tiene 6 y el hierro tiene 26. Los isótopos son átomos que tienen el mismo número de protones y por tanto, representan el mismo elemento químico pero con diferente número de neutrones. Se llaman así porque en la tabla periódica ocupan el mismo lugar. El hidrógeno, por ejemplo, tiene tres isótopos: el hidrógeno normal con un sólo protón; el deuterio, con un protón y un neutrón; y el tritio, con un protón y dos neutrones. El carbono con 6 protones, tiene isótopos con 6, 7 u 8 neutrones en el núcleo. El oxígeno con ocho protones, tiene tres isótopos con ocho nueve o diez neutrones. Los isótopos se designan generalmente por el símbolo del elemento y el número de masa atómica, que no es más que la suma de los números de protones y neutrones. Por ejemplo C-12, C-14, O-16, O-17, O-18 Al-26 y Al 27. 
La química depende de la estructura de la corteza electrónica del átomo. Los isótopos tienen la misma estructura electrónica. Se dice con bastante frecuencia que las propiedades químicas de los isótopos de un elemento son idénticas aunque esta afirmación es una aproximación. Por eso los isótopos son tan difíciles de separar y se hace con centrifugadoras para aprovechar su diferencia de masa. La proporción O-17 a O-16 y O-18 a O-16 por depender siempre la separación química de los isótopos de la masa atómica, sigue una norma sencilla. Si la relación de O-17 a O-16 aumenta ligeramente como consecuencia de un proceso químico, la relación de O-18 a O-16 debe aumentar el doble de esa cantidad ya que la diferencia de masa es el doble. La diferencia química de los isótopos se debe pues a su masa y la ligera influencia que tiene sobre la velocidad de reacción o el equilibrio químico. Por ejemplo la velocidad a la que se incorporan los isótopos más pesados del oxígeno a los sedimentos es sensible a la temperatura. Esto permite calcular la temperatura de los antiguos océanos.
Las abundancias relativas de isótopos se mantienen constantes con gran aproximación. El oxígeno terrestre es 99,756 por cien de O-16, 0,039 por cien de O-17 y 0,205 por cien de O-18. La abundancia de isótopos (composición isotópica) en cada planeta es distinta y constituye una huella dactilar de éstos. En la atmósfera las moléculas pesadas del vapor de agua del planeta tienen más dificultad para escaparse por eso hay un enriquecimiento de las moléculas más pesadas respecto a las más ligeras que altera la composición isotópica, pero que dan idea de las pérdidas de agua producida en el planeta. Este es uno de los procesos que la naturaleza utiliza para separar isótopos y que cada planeta tenga una relación isotópica distinta. 
Se podría pensar que como los protones tienen la misma carga y por tanto se repelen no pueden estar juntos en el núcleo que es muy pequeño. Pero protones y neutrones están unidos gracias a la fuerza nuclear llamada fuerza fuerte que a esas distancias supera con creces la repulsión eléctrica. La energía de la unión hace que la masa de un átomo sea ligeramente menor que la suma de las masas de los nucleones y los electrones por separado. El Universo empezó con los protones y neutrones libres deambulando a gran velocidad y cuando la temperatura bajó, ambos se fusionaron formando núcleos. Sin embargo al principio sólo podía haber choques dobles y la formación no llegó más allá del helio. Fue dentro de las estrellas o en la explosión de supernovas donde se formaron los primeros 92 elementos, compuestos por varios centenares de isótopos distintos, que han sido observados en la naturaleza. Es decir, los elementos que son absolutamente estables. Los núcleos que son radiactivos se transforman espontáneamente en otros núcleos estables expulsando partículas. Existe un proceso común de desintegración, llamado desintegración 𝛃-, en el que un neutrón expulsa un electrón, transformándose con ello en un protón. Con ello se trasforma en otro elemento de un número atómico una unidad mayor pero de la misma masa. Por ejemplo los núcleos de tritio (un protón, dos neutrones) se transforman espontáneamente en núcleos de helio (dos protones, un neutrón). Los núcleos más inestables se desintegran en pequeñas fracciones de segundo, desapareciendo casi instantáneamente. Otros, como el carbono-14, tienen tiempos de vida de varios miles de años. El Al-26 es inestable y se descompone en Mg-26 con un periodo de 717.000 años. Y algunos, como el uranio-238 (92 protones y 146 neutrones), pueden durar miles de millones de años. Por regla general, los isótopos estables de los elementos más livianos, tienen igual número de protones y neutrones y entre los elementos más masivos, como el uranio, los neutrones sobrepasan a los protones en un 50%. Los núcleos con muy pocos o con demasiados neutrones son radiactivos y se desintegran espontáneamente en otros elementos. En el laboratorio es posible producir isótopos de vida corta, pero los elementos que vemos en la naturaleza son los que han sobrevivido desde la época de su formación hasta el presente. De éstos, sólo unos pocos son radiactivos y tienen vidas de miles de millones de años. La conclusión que podemos extraer de todo esto es que los elementos se formaron miles de millones de años atrás. Hay, no obstante, algunas excepciones. El C-14 puede ser encontrado en el aire que respiramos, aunque se desintegra en unos 6.000 años. Se produce cuando los rayos cósmicos del espacio bombardean los núcleos de la atmósfera superior de la Tierra. Este hecho permite la datación radioactiva.
Aunque las relaciones isotópicas no quedan muy alteradas por los procesos químicos se puede esperar que las relaciones isotópicas originales (o anómalas con las observadas en la Tierra) sólo existan en cuerpos que han sufrido desde el origen pocas modificaciones. Es decir, para encontrar relaciones isotópicas originales de la nube primordial hay que recurrir a rocas que no han sufrido como en los planetas transformaciones físicas o químicas que las hayan alterado. Las mejores fuentes de materia del Sistema Solar primitivo son los cometas y los meteoritos. De los dos el más accesible son los meteoritos. Entre los meteoritos las condritas carbonáceas son los más primitivos.

2. El origen del Sistema Solar

Las estrellas se forman a partir del gas y el polvo interestelares. Todavía no hemos descubierto una estrella que no contenga ningún elemento pesado. Las explosiones de supernova esparcen elementos pesados enriqueciendo el gas del que se formarán otras estrellas. 
En las regiones de una galaxia en las que la formación y la muerte de estrellas son más frecuentes, se espera encontrar estrellas ricas en metales. Estos metales son básicamente los que forman la Tierra que no tiene ni hidrógeno ni helio. Como diría Carl Sagan: Somos polvo de estrellas. Las explosiones estelares llamadas supernovas son sucesos raros: entre los cien mil millones de estrellas de nuestra galaxia se producen probablemente tres supernovas por siglo, aunque la mayoría de las supernovas están tan lejos que el polvo interestelar las hace invisibles.
Las estrellas se forman por la concentración de las nubes de gas interestelar que lentamente disminuyen de tamaño por la acción de su autogravedad. Un factor desencadenante posible podría ser la explosión de una supernova cercana. La onda de choque generada en una explosión de una supernova podría recoger y comprimir el gas, acelerando así la contracción de la nube y favoreciendo la formación de estrellas.
El Sol parece que se formó en un enjambre formado por un mínimo de 1.500 y un máximo de 3.500 estrellas, que luego se dispersaron por la galaxia de la Vía Láctea.
Los elementos más pesados en las nubes de polvo y gas que se reunieron para formar el Sol y los planetas fueron expulsados por supernovas a lo largo de un periodo de varios miles de millones de años. Los elementos más ligeros en las nubes, es decir, hidrógeno y helio, preexistían en su mayor parte. El contenido de la materia expulsada difería probablemente de una supernova a otra, pero en el tiempo en que el Sistema Solar comenzó́ a formarse, los restos de las distintas supernovas se habían entremezclado formando nubes de composición homogénea.
El descubrimiento de concentraciones anómalas de ciertos isótopos en meteoritos indica que una supernova puede haber presidido el nacimiento del Sistema Solar. Parece que una enorme estrella explotó a distancias de sólo 0,07 años luz en la época en que el Sistema Solar se condensó y pudo provocar el colapso. Si otras nebulosas muy anteriores también estallaron su contenido de materia expulsada se habían entremezclado formando nubes de composición homogénea.

3. Los meteoritos

Los indicios provienen de la medida de la abundancia de varios isótopos de ciertos elementos hallados en los meteoritos y en particular en el de Allende. Hace ahora 50 años, el 8 de febrero de 1969, a menos de medio año de que el hombre pusiese pie en la Luna y cuando los laboratorios esperaban ansiosos las muestras para su análisis, una bola de fuego atravesó el cielo de Chihuahua, al norte de México. Se cree que la roca original debió haber tenido el tamaño de un automóvil viajando a través del espacio con rumbo a la Tierra a poco más de 15 kilómetros por segundo. Casi dos toneladas de sustancia primordial, remanente de la formación del Sistema Solar se esparcieron sobre una zona de 50 km. de largo y varios km. de ancho. Eran fragmentos de un meteorito que se había roto en pleno vuelo en tamaños de pelotas de golf. Antes de la caída del Allende los meteoritos de este tipo eran raros. La datación del meteorito permitió saber que su edad era de 30 millones de años más que la Tierra.
Se descubrió́ un isótopo extraño como el Al-26 de vida media muy corta, así como los elementos de su descomposición Mg-26 parece indicar que proceden de una estrella supernova que explotó casi al mismo tiempo que se formó el Sistema Solar. Esta relación no es casual pues probablemente fue su onda de choque la que provocó el colapso de la nube protoplanetaria. La materia que expulsó no tuvo tiempo de mezclarse con la nube. El Al-26 radiactivo es tan inestable que la única explicación a su presencia en el Sistema Solar es que haya sido sembrado en la nube protosolar justo al principio de su evolución . El Al-26 sólo se genera en supernovas.
El Al-26 se descompone en Mg-26 en una reacción radioactiva de vida media 717.000 años. Cada vida media el Al-26 restante es la mitad. Ello explica que actualmente en el meteorito no quede Al-26. La reacción es una desintegración 𝛃+ en la que un protón del núcleo se convierte en un neutrón expulsando un positrón (antielectrón e+) y un neutrino electrónico. Entonces el elemento tiene un protón menos transformándose en Mg y sin cambiar la masa atómica. En cada transformación se consiguen 4 MeV de energía. Esto tendrá luego una importancia capital.
Aparte del Mg-26 también se encuentra en el meteorito de Allende la anomalía del O-16.
Las anomalías referentes a isótopos se pueden explicar admitiendo que se inyectara en el Sistema Solar materia procedente de una supernova que no se pudo mezclar completamente con la procedente de supernovas anteriores.
El aluminio tiene un solo isótopo estable el Al-27. Todo el aluminio de la Tierra esta formado lógicamente sólo por este isótopo. En el meteorito la cantidad de Mg-26 permite saber la cantidad inicial de Al-26. Pero el calculo no es tan sencillo. El magnesio puede proceder de otras fuentes. Este elemento tiene tres isótopos estables con abundancias Mg-24 (78,99%) Mg-25 (10%) y Mg-26 (11,01%). El magnesio 26 a considerar es el exceso sobre la abundancia normal. La cantidad observada era de un 11,5%. Quedaba por demostrar que este exceso procedía del Al-26 pues otras reacciones lo pueden producir. Pero, hay una relación lineal entre el contenido de Al/Mg en los minerales del material y el exceso en Mg-26. Si el Mg-26 tuviera otra procedencia esta relación no tendría sentido.
Esto permite calcular el Al-26 inicial: Había escasamente 1 átomo de Al-26 por cada 20.000 átomos de Al-27. También el tiempo entre que explotó la supernova y se formó el mineral: Habían transcurrido una pocas semividas (unos pocos millones de años). Si el Al-27 se hubiera descompuesto antes de incorporarse al mineral no se observaría la correlación entre el Al/Mg y el exceso de Mg-26.
Resumen:
El exceso de Mg-26, se produjo por la descomposición en el meteorito del Al-26 producido en una supernova que estalló cerca y pocos millones de años antes de que se formará el Sistema Solar
A finales de 2016 el equipo de Yong-Zhong Qian, de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos, y Alexander Heger, de la Universidad Monash en Australia, decidió centrarse en unos núcleos atómicos radiactivos de corta vida, que sólo estuvieron presentes en nuestro Sistema Solar de manera natural durante la infancia de este. Las huellas encontradas en los meteoritos en el nuevo estudio señalan claramente a una supernova de baja masa como el objeto detonante del colapso de la nube. Ellos explican la abundancia de berilio-10, calcio-41y paladio-107.

4. Origen de los sistemas con planetas océano y pobre en agua

En febrero de 2019 T. Lichtenberg et. al. publicaron en Nature Astronomy el artículo titulado: A water budget dichotomy of rocky protoplanets from 26Al-heating donde los autores explican que el calor generado por el radionúclido Al-26 de corta duración, es decir los 4 MeV por núcleo trasformado deshidrata rápidamente los planetesimales antes de la acumulación en protoplanetas más grandes. Emplearon modelos numéricos de formación, evolución y estructura interior del planeta, para mostrar que la razón de agua con la masa y el radio de un planeta están anti-correlacionados con los niveles iniciales de Al-26 en el marco de una acreción basada en planetesimales. Niveles altos del isótopo suponen un planeta pobre en agua y con menos radio y al revés. Los planetas interiores del Sistema Solar son rocosos y pobres en agua porque una supernova al explotar cerca de la nube protosolar aportó Al-26 extra que en su transformación en Mg-26 desprendió un calor que secó los planetesimales de los que se formaron los planetas. Sistemas formados con bajas cantidades de Al-26 forman planetas oceánicos.
Resumen: Cualitativamente, nuestros modelos sugieren dos escenarios principales de formación de sistemas planetarios: sistemas con concentraciones altos en Al-26, como nuestro Sistema Solar, forman planetas pequeños y sin agua, mientras que los que carecen de Al-26 predominantemente forman mundos oceánicos, con radios medios del planeta hasta aproximadamente un 10% más grandes.
Sin embargo, la distribución de los planetas similares a la Tierra sigue siendo insuficientemente limitada, y no está claro si el Sistema Solar es un dato estadístico o puede explicarse mediante procesos de formación planetaria más generales.

Fig. 1 Proceso de acreción según el contenido en Al-26

5. Comunicado de prensa
Al presentar sus resultados a la prensa los astrónomos Tim Lichtenberg, del NCCRPS (National Centre of Competence in Research PlanetS) en Suiza, Michael Meyer de la Universidad de Michigan, y Christoph Mordasini, profesor de la Universidad de Berna, primero, cuarto y séptimo firmantes del artículo, declararon: 
¿Somos muy afortunados? ¿O hay algo más que distingue los sistemas planetarios como el Sistema Solar de otros?. El pensamiento actual cree que la mayor parte de su agua de la Tierra procede planetesimales muy ricos en agua. Pero si un planeta terrestre acreta mucho material de más allá de la llamada línea de hielo, recibe demasiada agua. Pero, si estos planetesimales se calientan desde el interior, parte del contenido de hielo inicial de agua se evapora y escapa al espacio antes de que pueda ser agregado al planeta. La causa del secado de los planetesimales es exactamente el calor radiactivo. La presencia de Al-26 durante la formación planetesimal puede hacer una diferencia de un orden de magnitud en los contenidos de agua planetarios entre estas dos especies de sistemas planetarios. Hay más preguntas, y el trabajo futuro será, por ejemplo, investigar cómo la deshidratación del Al-26 interviene en el crecimiento para formar planetas gigantes, como el  proto-Júpiter en el Sistema Solar temprano. Las predicciones cuantitativas de este trabajo ayudarán en un futuro a refinar las implicaciones del mecanismo de deshidratación del Al-26. Los investigadores están esperando ansiosamente el lanzamiento de las próximas misiones espaciales, las cuales permitirán descubrir exoplanetas de tamaño terrestre fuera de nuestro Sistema Solar. Estos ayudarán a la humanidad a comprender si nuestro planeta es único en su especie, o si hay una infinidad de mundos del mismo tipo que el nuestro propio, explica Lichtenberg.
Las simulaciones ayudan a resolver algunas preguntas, mientras plantean otras. Es genial saber que los elementos radiactivos pueden ayudar a secar el sistema húmedo y tener una explicación de por qué los planetas dentro del mismo sistema compartirían propiedades similares. Pero el calentamiento radioactivo puede no ser suficiente. ¿Cómo podemos explicar nuestra Tierra, que es muy seca, de hecho, en comparación con los planetas formados en nuestros modelos? Tal vez tener Júpiter donde estaba también era importante para mantener a la mayoría de los cuerpos helados lejos del Sistema Solar interno, dijo Meyer.
Luego usamos el llamado modelo Berna de formación y evolución de embriones planetarios para investigar qué tipo de planetas se forman a partir de los diferentes planetesimales, explica Christoph Mordasini.

La superficie sólida de la Tierra y su clima moderado pueden deberse, en parte, a una estrella masiva en el entorno de nacimiento del Sol. Sin los elementos radiactivos de esa estrella inyectados en el Sistema Solar temprano, nuestro planeta podría ser un mundo oceánico hostil cubierto de capas de hielo globales.
Todos los planetas tienen un núcleo, manto y corteza. Si el contenido de agua de un planeta rocoso es significativamente mayor que en la Tierra, el manto está cubierto por un océano global profundo y una capa de hielo impenetrable en el fondo del océano.(?) Esto evita procesos geoquímicos, como el ciclo del carbono en la Tierra, que estabilizan el clima y crean condiciones de superficie que conducen a la vida tal como la conocemos.
Los planetas internos terrestres de nuestro Sistema Solar aparecen, afortunadamente, muy secos porque demasiada agua puede ser perjudicial para la vida.

Fig. 2 Los sistemas planetarios nacidos en regiones densas y masivas de formación de estrellas heredan cantidades sustanciales de Aluminio-26, que secan los planetesimales antes de la acumulación (izquierda). Los planetas formados en regiones de baja formación de estrellas acumulan muchos cuerpos ricos en agua y crean mundos oceánicos (derecha). Crédito: Thibaut Roger.

Nosotros matizamos que cuando dice que un planeta océano es hostil para la vida se refiere a la vida humana. Nada impide que puedan vivir seres acuáticos. Tampoco entiendo cómo puede haber una capa de hielo en el fondo del océano. Esto se opone al hecho de que el agua presenta una dilatación anómala que hace que el hielo flote. He preferido no quitarlo y exponer mi extrañeza. No obstante sabemos que el agua presenta muchas fases según las condiciones de presión y temperatura y no nos extrañaría que en los planetas océano hubiera fases del agua no habituales en la Tierra. La obra La aptitud del ambiente de L.J. Henderson (1958) es un estudio clásico sobre las peculiares propiedades del agua.
En el pie de la figura 2 cambia sistemas planetarios cuya compresión de la nube protoplanetaria ha sido causado por una supernova por nacidos en regiones densas y masivas de formación de estrellas lo cual en principio es más general. Pero ignoramos que porcentaje de sistemas es producido por la explosión de una supernova, cual lo provoca la entrada de la nube en un brazo espiral de la galaxia, cuál a la autogravedad o si hay otro proceso. Además ello exige que el Al-26 se integre y seque los granos antes de la formación de planetesimales. Sólo así esto no representaría una nueva condición a la habitabilidad planetaria.

6. ¿Una nueva condición para la habitabilidad?

Ahora vamos a tratar de establecer, cuales son las condiciones o propiedades del planeta, necesarias para que surja la vida. Un planeta habitado o con vida será aquel en el que se den esas condiciones. Cómo no sabemos exactamente ¿qué es la vida? ni ¿cómo surgió? Estas condiciones son desconocidas.
Los planetas tienen unas características o propiedades que pueden ser intrínsecas, posicionales y derivadas (o secundarias).
Las propiedades intrínsecas incluyen masa, radio, periodo de rotación, edad y propiedades de la estrella en torno a la cual gira el planeta. Son todas astronómicas.
Las propiedades posicionales son la distancia a la estrella, inclinación del ecuador, excentricidad, sistema de satélites. Son todas astronómicas.
Las propiedades derivadas incluyen radiación recibida, temperatura efectiva, temperatura superficial, aceleración de la gravedad, presión atmosférica, estructura, composición interna, factores de marea, niveles de radioactividad, tectónica de placas, actividad volcánica, composición atmosférica, meteoritos y existencia de formas de vida. Son una mezcla de propiedades astronómicas y geobiológicas.
Entre las propiedades astronómicas destacan que el proceso de formación del sistema planetario llegue en algún momento de su existencia a una estabilidad gravitatoria mínima, y cierta estabilidad en los parámetros astronómicos, que permitan a la vida aparecer y evolucionar. La vida terrestre, en su extraordinaria complejidad y variedad, ha podido contar por tanto con un aliado irremplazable: la estabilidad. Una Luna para asegurar la adecuada orientación del planeta, un Júpiter para librarlo de asteroides intrusos, pero también una órbita circular que garantiza que se encuentre siempre a la misma distancia del Sol.
Entre las propiedades derivadas es importante que la masa y temperatura permitan el mantenimiento de una atmósfera; una masa, que permita la existencia de un núcleo de hierro fundido; y un periodo de rotación no demasiado largo, que permita la existencia de un campo magnético, que nos proteja de la radiación a altas energías de la estrella y proteja la atmósfera del planeta de perdidas catastróficas; debe haber un planeta dotado de una tectónica de placas, que permita el ciclo del CO₂, y hemos ya leído que esto se impide en los plantas océano.
El planeta debe tener presencia en su superficie de mares de agua líquida, que actúe como disolvente y permita las reacciones de las moléculas biológicas, con un pH cercano al neutro, es decir, ni básico ni ácido, para permitir el crecimiento de células. De esto los planetas océano van sobrados.
El plano del ecuador y el plano de la órbita de la Tierra forman un ángulo de 23 grados y 27 minutos de arco. El eje de rotación de la Tierra no está fijo, se va moviendo alrededor del polo de la órbita, describiendo un cono, con semiamplitud la antedicha y período de unos 25.800 años. Esto es lo que se llama precesión de los equinoccios. Este movimiento del eje de la Tierra es debido a la acción de las fuerzas conjuntas de la Luna y el Sol.
La inclinación del eje es la que causa las estaciones. Si es 0º no hay estaciones, si es 90º durante medio año un hemisferio se dirige a la estrella y es de día mientras el otro hemisferio es de noche; medio año después todo cambia. Determina también la latitud de los paralelos, que dividen las diferentes regiones climáticas del planeta: trópicos y casquetes polares. Para el hemisferio norte con una inclinación de 30º la zona tropical va de 0 a 30º, la zona polar de (90-30)º a 90º y de 30º a 60º la zona templada.
La Tierra, donde ha surgido la vida, tiene una inclinación muy estable que apenas varía 2º. Pero hay un culpable de esta estabilidad, la Luna. Si la Luna no existiera, el Sol causaría un periodo de precesión de 78.000 años, que coincidiría con el periodo de una perturbación de Júpiter sobre la Tierra. Entonces se produce una resonancia. Sin la Luna, el eje de rotación empieza a bambolearse peligrosamente hasta unos 60º. En Marte, que no tiene satélites grandes, el eje de rotación se inclina desde 15º a 45º en vez de los dos grados de variación de nuestro eje. La existencia de la Luna es fruto de la casualidad y que tenga una masa tan grande, como para estabilizar el eje, aún más. Los planetas terrestre no tienen satélites y si los tienen se deben a choques catastróficos. Es decir a casualidades.
Sin la existencia lunar, podría ser que en un cierto momento este ángulo fuera cero y no habría estaciones. Actualmente los casquetes polares están medio año sin luz. Si fuese de 90º el Sol estaría iluminando los casquetes todo el año. Se fundirían y los rayos de luz, que llegan ahora a los casquetes y se reflejan, ya no lo harían sino que serían absorbidos. El resultado sería catastrófico, la temperatura media de la Tierra aumentaría unos 50 grados.
Si la inclinación fuese de 60º, la zona del casquete se extendería hasta los 90-60=30º. Una gran parte de la Tierra es la que pasaría a estar oscura durante medio año, llegando el casquete polar a una latitud de 30º. La radiación sería reflejada en mayor proporción por los casquetes, produciendo una menor absorción de calor, con lo cual la temperatura podría disminuir otros 50 grados. De esta forma, gran parte del planeta sería inhabitable.
Sin la Luna habría un movimiento caótico, que en medio millón de años pasaría de una Tierra sin casquetes polares a otra, donde los casquetes polares llegarían hasta los trópicos y la temperatura fluctuaría unos 100 grados. La vida sería imposible para la especie humana. La inclinación adecuada del eje de rotación es vital para que haya estaciones y florezca la vida, pero una variación excesiva puede ser letal para su desarrollo.
La vida, a su vez, manipula al planeta, y no hace falta que su atmósfera contenga oxígeno, pues ya se encargarán las plantas de fabricarlo. 
Sin Júpiter, sin la Luna y sin una órbita estable y bastante circular, a la distancia adecuada del Sol, quizá no estaríamos escribiendo estas líneas.
Los astrónomos Tim Lichtenberg, Gregor J. Golabek, Remo Burn,  Michael Meyer et. al. añaden quizá inconscientemente una nueva condición de habitabilidad en el proceso de formación del sistema planetario. Ahora además de la existencia de un Júpiter que evite las extinciones masivas por los meteoritos, una Luna que estabilice la inclinación, debe haber una supernova que haga rico el entorno en Al-26 y evite los planetas océano. Claro que estamos hablado de vida pluricelular terrestre.

Rare Earth

En el año 2000 Peter Ward publica el libro Rare Earth: Why Complex Life Is Uncommon in the Universe donde plantea que el surgimiento de vida pluricelular en la Tierra requirió la coincidencia de una gran cantidad de eventos y circunstancias astronómicos y geológicos. La hipótesis argumenta que la vida compleja extraterrestre es un fenómeno improbable y extremadamente raro.
Los defensores de esta hipótesis alegan que la vida en la Tierra, y en particular la vida humana, parece depender de una larga y extremadamente afortunada cadena de eventos y circunstancias, que bien podrían ser irrepetibles incluso en la escala cósmica. 
Argumentan que el cosmos, como un todo, está finamente diseñado para la vida, y que dentro de él, las peculiaridades terrestres hacen de nuestro planeta un punto muy especial. Combaten el principio de Copernico (opuesto al suyo) con base en los siguientes argumentos:
  • La Tierra orbita una estrella no binaria, rica en metales, a la distancia justa para no ser el infierno de Venus ni tampoco ser un planeta congelado como Marte.
  • La Tierra tiene la masa suficiente, para mantener una atmósfera, para que su corteza de silicatos tenga placas tectónicas y un núcleo de hierro, que permite el ciclo del dióxido y el campo magnético que protege la vida que en ella se desarrolla.
  • Los planetas gigantes (Júpiter y Saturno) son un paraguas contra los choques frecuentes de asteroides, nos protegen de sin desestabilizar la órbita terrestre.
  • Existe una cantidad ideal de agua para mantener una hidrosfera.
  • Existe la Luna y es anómalamente masiva, creando mareas y estabilizando el movimiento axial de la Tierra. Según Jacques Laskar, esta importante característica es imposible de obtener sin una Luna como la nuestra.
  • La ubicación galáctica de la Tierra es extraña e importante: No está en el centro de la galaxia ni en un cúmulo globular; no está cerca de una fuente activa de rayos gamma, ni en un sistema multiestelar, ni cerca de un púlsar, ni cerca de estrellas muy pequeñas, grandes, o que estén prontas a convertirse en supernovas. (Rare Earth, página 282).
Estas, entre muchas otras casualidades, separadamente pueden parecer triviales, pero juntas convierten a la Tierra en un lugar cósmicamente especial.
Sin embargo desde fines del siglo XX, y producto de nuevos descubrimientos, tales como la existencia de moléculas orgánicas en el espacio, la presunta existencia de un océano de agua líquida en Europa, o el demostrado hecho de que los planetas extrasolares son relativamente comunes, y de que por tanto algunos de ellos podrían presentar condiciones factibles para la vida, han hecho que esta hipótesis ya no sea compartida por buena parte de la comunidad científica.
Quizá la visión Rare Earth peque de un geocentrismo excesivo, pues en la misma Tierra la vida ha surgido en ambientes extremos y si se descubre vida en el Sistema Solar en satélites como Europa o Encélado, muchas de las necesidades aquí descritas se caen por su base.
Los seguidores de la paradoja de Fermi toman los nulos hallazgos de la búsqueda de señales inteligentes de vida como una indicación de lo erróneo del principio copernicano. La falta de contacto es interpretada a menudo como una escasez de inteligencia humanoide y no como una falta de planetas similares a la Tierra.
Si nos atenemos a la ortodoxia terrestre y a las causas que hacen que nuestro planeta sea tan propicio a la vida, podemos afirmar que ninguno de los planetas extrasolares descubiertos hasta la fecha cumple estas condiciones. Sin embargo, es posible que alguno de los gigantes gaseosos, que está en la zona habitable de la estrella y cuya órbita no sea demasiado excéntrica, albergue un satélite, cuya superficie este bañada por agua liquida y donde tal vez la vida haya podido surgir.

Principio copernicano 

Quizá debería llamarse Principio Giordano Bruno pues aunque Nicolás Copérnico estableció que era el Sol y no la Tierra el centro del Universo fue Giordano el que intuyó que cada estrella era un sol, sólo que muy lejano y rodeado de planetas que él imaginaba habitados.
El planteamiento tradicional del principio copernicano se base en: 
  • En la antigüedad se pensaba que la Tierra era el centro del Sistema Solar, pero Copérnico propuso que el Sol cumplía este papel. Esta visión heliocéntrica fue confirmada años después por Galileo.
  • En los años 1930, RJ Trumpler encontró que el Sistema Solar no era el centro de la Vía Láctea como se pensaba, y que, más bien, el Sol estaba en el extrarradio de ésta en uno de sus brazos espirales. 
  • En la década de los 50 del siglo XX, George Gamow mostró que  la Vía Láctea es una más de las 100.000 millones que hay en un Universo. Que éste se expande, pero nuestra galaxia no es el centro de expansión del Universo.
  • En 1933 Fritz Zwicky y posteriormente a finales de los años 1960 Vera Rubin, para probar la persistencia de un cúmulo de galaxias y la curva de velocidad de éstas respectivamente postularon que la materia bariónica de la que están hechas las galaxias, estrellas, planetas, etc. es residual y debe haber una materia oscura hasta ahora sólo detectable por sus efectos gravitatorios de naturaleza actualmente desconocida.
  • En 1998 las observaciones de supernovas de tipo Ia muy lejanas, permitió a Saul Perlmutter, Adam Riess y Brian P. Schmidt descubrir la expansión acelerada del Universo, un especie de repulsión gravitatoria achacable a un ente todavía más extraño la energía oscura. El Universo se compone de un 5% de materia ordinaria, un 27 % de materia oscura y un 68% de energía oscura.
  • En 1995 y siguientes Michel Mayor y Geoff Marcy mostraron que los planetas extrasolares, en torno a otras estrellas son muy comunes. Así el número de planetas es por lo menos tan grande como el número de estrellas del Universo: 20.000 trillones.
En resumen, el principio copernicano cree que la Tierra es un planeta relativamente ordinario orbitando una estrella ordinaria en una galaxia ordinaria.
Algunos defensores de SETI toman el principio de Copernico como una razón de peso para esperar abundancia de señales extraterrestres. Por ejemplo, Carl Sagan usaba el principio para sugerir que podría existir un millón de civilizaciones en la Vía Láctea. Hoy sabemos que en la galaxia debe haber unos 100.000 millones de planetas.
Son tantas las galaxias del Universo, las estrellas en la galaxia, los sistemas planetarios y los planetas, que, aunque su formación la presida el azar, aunque muchos planetas sean incompatibles con la vida, en muchos sistemas planetarios reine el caos durante toda su existencia, pueda haber aún sistemas con un final ordenado y estable, con su Júpiter protector y su Luna estabilizadores, si es que esto es necesario, en donde se puedan desarrollar condiciones aptas para la vida, sin ignorar que la vida se abre paso en un rango extremadamente ancho de casos, como vemos en nuestro propio planeta y quizá su aparición a nivel microscópico no sea tan exigente como el aquí esbozado.
Resumen:
Para mi, la vida unicelular debe ser común y debe surgir cuando se dan las condiciones físicas para ello (condiciones necesarias) y no cómo una cuestión de azar. Igual que la física, química o geología son universales, la biología debe serlo. Otra cosa distinta es la vida pluricelular o vida inteligente que se desarrolla en un pequeño o pequeñisimo porcentaje respectivamente de planetas habitados. Somos la primera generación que va a descubrir vida extraterrestre unicelular en los próximos 50 años. Espero no sea muy tarde y verlo. Donde, es otra cuestión.











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